En la zona poniente de la Ciudad de México, justo donde converge la historia con el descanso eterno, se encuentra el Panteón Americano, un sitio que guarda más de un siglo de memoria y arquitectura. Aunque su nombre sugiere un uso exclusivo para ciudadanxs de Estados Unidos, la realidad es otra: alrededor del 90% de las personas enterradas aquí son mexicanas, lo que lo convierte en un lugar multicultural, lleno de historias por contar.
Un cementerio nacido entre migraciones
La costumbre de enterrar a los difuntos en templos fue común durante el virreinato. Pero hacia el siglo XVIII, debido a los problemas de salubridad y malos olores, se propuso crear cementerios fuera de las iglesias. Así nació el primero en 1784, el de Santa Paula, y luego vendrían otros como el famoso Panteón de San Fernando en 1832.
Ya para finales del siglo XIX, la Ciudad de México vivía un auge migratorio que dejó huella incluso en la forma de enterrar a sus muertos. En 1898, un grupo de ciudadanos estadounidenses fundó el Panteón Americano en los terrenos de la antigua Hacienda de Tacuba, abarcando una extensión de 17 mil metros cuadrados. Posteriormente, en 1906, la administración pasó a manos de la Sociedad Americana de Beneficencia, una organización sin fines de lucro que hasta hoy destina los ingresos del panteón para ayudar a personas necesitadas.
Curiosamente, esta zona de Legaria se transformó en una especie de “barrio de panteones“, pues en sus alrededores también se establecieron el Panteón Francés, el Español y el Británico, reflejo del mosaico internacional que conforma la historia de la capital mexicana.
El otro cementerio americano: monumento a una guerra olvidada
Antes del Panteón Americano, en 1851, se estableció el Cementerio Nacional de la Ciudad de México, considerado el primer panteón estadounidense fuera de su país. Este sitio fue creado para enterrar a los soldados norteamericanos que murieron durante la Guerra México-Estados Unidos en 1847. Aún se puede visitar el monumento que marca la fosa común de 750 soldados no identificados, un recordatorio silencioso de aquel conflicto bélico que marcó a ambas naciones.
Un espacio para todos
Más allá de sus raíces históricas, el Panteón Americano es hoy un sitio abierto para todas las nacionalidades y credos. Con un ambiente sereno, áreas bien conservadas y un trato humano y profesional, este panteón ofrece servicios funerarios accesibles y personalizados, siempre con el respeto y dignidad que cada persona merece.
Entre sus caminos arbolados, esculturas fúnebres y tumbas centenarias, el/la visitante puede encontrarse con historias de migrantes, benefactores, artistas y familias enteras que han hecho de este lugar su última morada. Es un sitio donde la memoria se honra y la historia sigue viva.
Visitar el Panteón Americano es más que una caminata entre lápidas: es un recorrido por los lazos históricos entre México y otras naciones, un testimonio de solidaridad y una muestra de que la muerte también puede contarse con arquitectura, memoria y respeto. Si buscas conocer un lado distinto y poco explorado de la ciudad, este rincón funerario tiene mucho que decir.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.