Treinta años no se cumplen en silencio, y Panteón Rococó lo dejó claro con un concierto que convirtió el Tecate Pa’l Norte en una marea de baile, sudor y memoria colectiva. Frente a más de 40 mil personas en el Parque Fundidora, la banda reafirmó por qué sigue siendo una de las fuerzas más contundentes del ska en México y América Latina.

Desde los primeros acordes, el escenario se transformó en una especie de ritual donde la energía no se mide, se contagia. Con un arranque explosivo y la aparición de Jay de la Cueva como invitado especial, el concierto tomó forma de celebración compartida. Su participación en temas como “Punk-O” y “Ciudad de la Esperanza” añadió una capa extra de intensidad a una noche que ya vibraba por sí sola.

El repertorio avanzó como una locomotora sin frenos. Canciones como “Estrella Roja” y “Triste Realidad” funcionaron como puntos de encuentro donde miles de voces se alinearon en un mismo coro. Más adelante, “Hostilidades” desató uno de los momentos más viscerales de la noche, con el público convertido en un organismo en movimiento constante.

Hubo espacio también para la cadencia y el juego. “Cumbia del Olvido” y “Cariñito” relajaron el pulso sin bajar la intensidad, transformando el terreno del festival en una pista de baile improvisada. Pero el cierre volvió a encenderlo todo: “La Dosis Perfecta”, “Esta Noche” y “La Carencia” sellaron el concierto con una descarga emocional que dejó claro que el vínculo entre la banda y su público no entiende de nostalgia, sino de presente.

Más allá del espectáculo, la presentación en Monterrey funciona como una especie de prólogo. La celebración de estas tres décadas continuará el próximo 31 de octubre en el Auditorio Banamex, donde la banda promete un concierto más extenso y cercano, pensado como un recorrido por su historia musical.

Para quienes estuvieron en Pa’l Norte, será la oportunidad de revivir esa energía en otro formato. Para quienes no, una cita pendiente con una de las bandas que han convertido el ska en un lenguaje de resistencia, identidad y fiesta colectiva.

En un panorama musical que cambia constantemente, Panteón Rococó se mantiene como una especie de brújula rítmica: siempre en movimiento, siempre convocando. Y si algo dejó claro su paso por el festival, es que la celebración apenas está tomando velocidad.