Entre avenidas intensas y el ir y venir cotidiano de Tacubaya, existe un recinto que parece resguardar varias capas del tiempo. La Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación de María la Candelaria, ubicada en la colonia Escandón Segunda Sección, en la alcaldía Miguel Hidalgo, es uno de los templos coloniales más antiguos que se conservan en la Ciudad de México y un testigo silencioso de la transformación de este antiguo poblado prehispánico.
Rodeada por un amplio atrio ajardinado con fresnos centenarios, la parroquia se levanta frente a la Alameda de Tacubaya como un espacio de pausa, memoria y espiritualidad en una de las zonas más transitadas del poniente capitalino.
Tacubaya antes de Tacubaya
Mucho antes de la llegada de los españoles, Tacubaya ya era un punto estratégico dentro de la cuenca de México. Sus abundantes manantiales, alimentados por las lomas del Desierto de los Leones, Cuajimalpa y Santa Fe, la convirtieron en un centro de paso y comercio entre Mixcoac, San Ángel, Coyoacán y Tlalpan.
No es casual que la actual parroquia se haya construido sobre los restos de un antiguo santuario dedicado a Cihuacóatl, diosa prehispánica vinculada con la maternidad y las parteras. La continuidad simbólica entre el culto antiguo y la devoción mariana marcó el carácter del sitio desde sus orígenes.
Un templo dominico del siglo XVI
Tras la conquista, Tacubaya atrajo tanto a comerciantes como a órdenes religiosas. En 1556, los frailes dominicos fundaron el Convento de la Purificación de María, hoy conocido popularmente como la Parroquia de la Candelaria de Tacubaya. La construcción fue impulsada por fray Lorenzo de la Asunción, también responsable de otros conventos dominicos en la región.
Este recinto es especialmente relevante porque se trata del único monasterio dominicano del siglo XVI que aún se conserva dentro de la Ciudad de México. Durante la época colonial, Tacubaya estaba dividida en distintos barrios indígenas cuyos nombres quedaron inscritos en las piedras del claustro como testimonio de la participación comunitaria en la edificación del templo.
Una arquitectura sobria con raíces profundas
El templo es de una sola nave con bóveda y cuenta con tres capillas laterales dedicadas a la Virgen de Guadalupe, el Divino Rostro y el Santísimo. Su fachada principal, de piedra gris, es sobria y elegante: columnas estriadas, un óculo que permite la entrada de luz y una escultura de la Virgen de la Candelaria resguardada en un nicho coronan el conjunto.
Del lado sur se encuentra el antiguo portal de peregrinos, compuesto por tres arcos, vestigio de la capilla abierta del siglo XVI donde se inició la evangelización. Estos arcos son una de las pocas partes que sobreviven de la construcción original.
El claustro adjunto, de dos niveles, es uno de los espacios más bellos del conjunto. Sus arcos de cantera, apoyados en columnas toscanas, conservan relieves, monogramas y fechas del siglo XVI, entre ellas el año 1590, grabado en la piedra como una marca indeleble del tiempo.
Imágenes, memoria y episodios históricos
En el altar mayor conviven dos representaciones centrales: una pintura que alude a la Purificación de María, y una escultura de madera estofada del siglo XVIII de la Virgen de la Candelaria, sosteniendo al Niño Jesús y una candela, símbolo que dio nombre popular al templo.
El interior también guarda historias ligadas a la vida política del país. En una de las capillas laterales está sepultada María Inés de Jáuregui, testigo del arresto de su esposo, el virrey José de Iturrigaray, en 1808, uno de los episodios más tensos del final del periodo virreinal.
En la cúpula y las pechinas se conservan pinturas de santos y santas dominicos, como Santo Tomás de Aquino, Santa Rosa de Lima y San Vicente Ferrer, reforzando la identidad espiritual de la orden que dio origen al recinto.
La calle de las ánimas y las leyendas de Tacubaya
Más allá de la historia documentada, la parroquia está rodeada de relatos que forman parte del imaginario popular. A un costado del atrio se encontraba la antigua Calle de las Ánimas, hoy Mártires de la Conquista. Según la tradición oral, después del anochecer aparecían nubes luminosas con forma de esqueletos que emitían lamentos y ruidos de cadenas, provocando miedo entre lxs vecinxs y el aullido de los perros.
Las leyendas aseguraban que se trataba de almas en pena, posiblemente víctimas de la Inquisición, y que los dominicos tuvieron que realizar exorcismos y rociar la calle con agua bendita para apaciguar las apariciones. Historias como esta siguen formando parte del tejido simbólico de Tacubaya.
Un espacio vivo en la ciudad contemporánea
Hoy, la Parroquia de Nuestra Señora de la Purificación de María la Candelaria no sólo es un templo activo, sino un espacio patrimonial fundamental para comprender la historia de Tacubaya y de la Ciudad de México. Su atrio, su claustro y sus muros centenarios dialogan con el ritmo urbano actual, recordando que la ciudad se construye también desde la memoria.
Visitarla es recorrer siglos de historia religiosa, social y cultural en un solo punto del mapa.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.