En medio del tránsito constante de la calzada México-Tacuba, casi a la sombra del antiguo Cine Ópera y del bullicio cotidiano de la colonia San Rafael, se levanta un templo que ha sido testigo de casi cinco siglos de historia urbana: la Parroquia de San Cosme y San Damián, uno de los recintos religiosos más antiguos del nor-poniente de la Ciudad de México.

Ubicada en Serapio Rendón número 5, esta iglesia fue durante siglos el centro espiritual del antiguo barrio de San Cosme, fundado en 1524, cuando la ciudad apenas comenzaba a extenderse más allá de los límites de Tenochtitlan.

El origen de San Cosme, un barrio que ya no existe

El antiguo pueblo de San Cosme surgió poco después de la conquista, cuando Hernán Cortés destinó estas tierras para huertas y labores agrícolas. Gracias a su cercanía con el camino a Tacuba, el lugar pronto adquirió importancia como punto de tránsito, comercio y descanso.

Hacia 1540, fray Juan de Zumárraga fundó en la zona un hospital para indígenas forasteros y una pequeña ermita. Aunque estas primeras construcciones no lograron sostenerse económicamente, sentaron las bases del complejo religioso que más tarde daría origen a la parroquia actual.

Franciscanos, conventos y la ruta hacia Filipinas

En 1581, los franciscanos descalzos, también conocidos como dieguinos, llegaron al sitio y transformaron el antiguo hospital en convento. Más tarde, los franciscanos observantes utilizaron el espacio como ayuda parroquial, hasta que en 1669 la ermita se convirtió en Casa de Recolección bajo la advocación de Nuestra Señora de la Consolación.

Finalmente, en 1672, se colocó la primera piedra del templo que hoy conocemos, dedicado a San Cosme y San Damián, santos gemelos venerados como protectores de lxs enfermxs. La iglesia fue consagrada el 11 de enero de 1675, bajo el patronato de don Agustín Guerrero.

Este recinto tuvo además un papel clave en la historia novohispana como punto intermedio en los viajes misioneros hacia Filipinas. Aquí descansaban y se preparaban los religiosos que, tras cruzar el país, partían desde Acapulco a bordo de la Nao de la China rumbo al archipiélago asiático.

Un templo ligado al poder virreinal

La relevancia de la parroquia se refleja también en quienes la frecuentaron. El virrey Juan Vázquez de Acuña, marqués de Casafuerte, asistía regularmente a misa en este templo y, a su muerte, fue sepultado aquí el 17 de marzo de 1734, consolidando la importancia del recinto dentro de la vida política y religiosa de la Nueva España.

Durante el siglo XIX, los cambios sociales y las reformas afectaron al convento. En 1855 fue convertido en hospital militar y, pocos años después, en 1862, el conjunto conventual fue fraccionado y vendido. A pesar de ello, el templo logró mantenerse en pie y conservar su función religiosa.

Arquitectura barroca y un retablo viajero

La Parroquia de San Cosme y San Damián presenta una planta de cruz latina, cubierta por bóvedas de cañón con lunetos y rematada por una cúpula octogonal en el crucero. Su torre, de un solo cuerpo, se corona con un pequeño cupulín que destaca en el paisaje urbano.

La portada es sobria pero elegante: un arco de medio punto flanqueado por columnas y, en el segundo cuerpo, un relieve de la Sagrada Familia, acompañado por las esculturas de los santos patronos.

En el interior se conserva uno de sus mayores tesoros: el retablo mayor de estilo churrigueresco, con pilastras estípites, que originalmente perteneció al templo de San Joaquín de Tacuba. Esta pieza conecta a San Cosme con otros recintos históricos del antiguo camino a Tacuba y refuerza su valor patrimonial.

Devoción, memoria y ciudad viva

La veneración a San Cosme y San Damián está estrechamente vinculada con la tradición hospitalaria y misionera del sitio. Crónicas como las de fray Juan de Torquemada relatan cómo este lugar fue hogar y refugio de religiosos que emprendieron misiones en Asia, e incluso mencionan la estancia del mártir fray Pedro Bautista, quien evangelizó en Japón.

Hoy, la parroquia convive con el ritmo acelerado de la ciudad moderna. San Cosme ya no es un barrio, sino una avenida; los antiguos huertos dieron paso a mercados, tianguis y estaciones de Metro. Sin embargo, el templo permanece como un ancla de memoria, recordando que bajo el asfalto y el ruido subsisten siglos de historia.

Visitar la Parroquia de San Cosme y San Damián es recorrer uno de los tramos más antiguos de la Ciudad de México y asomarse a una historia que conecta fe, viajes transoceánicos y transformación urbana.