En el barrio de San Juan Mixcoac, donde el trazo urbano moderno convive con la memoria de antiguos barrios, se levanta la Parroquia de San Juan Evangelista y Nuestra Señora de Guadalupe, un templo que guarda siglos de fe, leyenda y vida comunitaria. Ubicada en la esquina de Augusto Rodín y Millet, frente a la Plaza Valentín Gómez Farías, esta iglesia no solo es un monumento histórico catalogado por el INAH, sino también un testigo silencioso de la transformación del sur poniente de la Ciudad de México.
Un templo nacido entre historia y leyenda
La historia de la parroquia se mueve en un territorio donde los documentos se mezclan con la tradición oral. Se calcula que el templo tiene alrededor de 250 años, aunque su origen se remonta a un episodio que lxs habitantes de Mixcoac han transmitido de generación en generación. En 1675, una epidemia de tifo obligó a quemar los jacales del barrio de San Juan para contener la enfermedad. Cuando el fuego se extinguió, según la leyenda, solo quedó en pie un muro con la imagen de la Virgen de Guadalupe intacta.
Este hecho fue interpretado como un milagro y habría motivado la construcción del templo dedicado a San Juan Evangelista, bajo la advocación guadalupana. La devoción creció tanto que el cuadro de la Virgen ocupó el lugar de honor en el interior, convirtiendo al recinto en un punto clave para peregrinxs provenientes de Morelos y del sur de la ciudad, quienes encontraban aquí un santuario alterno ante la lejanía de la Basílica del Tepeyac.
De parroquia de barrio a espacio mariano
Durante el siglo XIX, el templo atravesó cambios importantes. En 1870, tras la expropiación de conventos, pasó a manos del clero secular y, en 1911, fue encomendado a la orden de los padres josefinos, quienes continúan a cargo hasta hoy. El carácter mariano del recinto quedó oficialmente reforzado en 1938, cuando lxs vecinxs del barrio enviaron una carta al arzobispo Luis María Martínez solicitando que se reconociera también como Templo de Nuestra Señora de Guadalupe, reflejo del profundo fervor popular.
Este gesto comunitario sigue visible en la arquitectura misma del edificio, donde la Virgen aparece no solo en el interior, sino también en la fachada, vigilando discretamente el ir y venir del barrio.
Arquitectura barroca entre cantera y símbolos
La parroquia presenta rasgos del barroco novohispano de finales del siglo XVII e inicios del XVIII y se atribuye al arquitecto Pedro de Arrieta, una de las figuras más relevantes de la arquitectura colonial en la Nueva España. La fachada de cantera es sobria pero rica en detalles simbólicos. En la parte superior, un nicho alberga la escultura de San Juan Evangelista, mientras que bajo la ventana principal destaca un relieve de la Virgen de Guadalupe flanqueada por dos ventanas octogonales.
Un detalle que suele pasar desapercibido es la presencia de dos ángeles sobre estas ventanas: uno sostiene el sol y el otro la luna, símbolos profundamente ligados a la iconografía guadalupana. El atrio conserva un aire recogido, con jardines laterales y una cruz de piedra tallada adornada con una corona de espinas, elemento que conecta la devoción popular con el lenguaje visual del barroco.
El interior y sus detalles devocionales
El templo está construido con planta de cruz latina, cubierta por bóvedas de aristas y bóvedas de cañón con lunetos. En el interior, las yeserías y decoraciones corresponden principalmente al primer tercio del siglo XX, periodo en el que también se realizaron los vitrales y pinturas que representan las cuatro apariciones de la Virgen de Guadalupe. Estos elementos aportan color y luz al espacio, creando una atmósfera íntima que contrasta con el ritmo acelerado de la ciudad exterior.
Entre los detalles curiosos se encuentra una pequeña figura de la Virgen de Guadalupe colocada en la parte superior del arco de la puerta principal, casi como un guiño para quienes observan con atención. Las puertas de madera, ricamente decoradas con motivos vegetales, refuerzan la idea de un templo que dialoga con la naturaleza y la simbología religiosa.
El barrio de San Juan Mixcoac y su templo
La parroquia no puede entenderse sin el contexto de San Juan Mixcoac, uno de los barrios con mayor carga histórica del actual territorio de la alcaldía Benito Juárez. Antes de convertirse en una zona urbana consolidada, Mixcoac fue un pueblo con identidad propia, donde la vida comunitaria giraba en torno al templo, el atrio y la plaza. Hoy, rodeada de avenidas, casas y edificios modernos, la Parroquia de San Juan Evangelista y Nuestra Señora de Guadalupe sigue funcionando como un punto de encuentro espiritual y cultural.
Visitar este templo es asomarse a una Ciudad de México estratificada, donde cada piedra guarda una historia y cada relieve habla de la fe, las epidemias, los milagros y la vida cotidiana de un barrio que ha sabido resistir el paso del tiempo sin perder su memoria.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.