Si vives en la colonia Del Valle o simplemente te has perdido entre sus calles arboladas, seguro te has topado con la calle Patricio Sanz, una de las más largas y transitadas de la zona. Pero, ¿quién fue este personaje y por qué su nombre quedó inmortalizado en el mapa de la Ciudad de México?
La calle hace honor a Patricio Sanz y Jave, un terrateniente mexicano perteneciente a una familia adinerada de principios del siglo XX. Aunque él no fue una figura pública en el sentido tradicional, su legado cobró vida gracias a su esposa, Ana Llera de Sanz, quien, tras heredar su fortuna, decidió transformarla en una obra de beneficencia.
En 1903, Ana fundó la Fundación Asilo Patricio Sanz, un orfanato que fue construido en un terreno de cuatro hectáreas en Tlalpan, rodeado de jardines y con una arquitectura notable para la época. Ahí, niños huérfanos recibían educación básica y aprendían diversos oficios, en un modelo que buscaba prepararlos para la vida adulta.
Con los años, el inmueble fue transformándose: durante el gobierno de Lázaro Cárdenas, se convirtió en una Escuela Granja para enseñar actividades agrícolas. Más tarde, en los años 60, albergó al Instituto Mexicano de Rehabilitación, fundado por Rómulo O’Farril, que ofrecía atención a personas con discapacidad y también capacitación técnica en prótesis y radios automotrices —una fábrica instalada ahí llegó a cubrir hasta el 25% de la demanda nacional de radios para coches.
Hoy, aunque el orfanato original ya no existe, la fundación sigue activa en Coyoacán. Y el nombre de Patricio Sanz vive en esa calle que atraviesa la colonia Del Valle, recordándonos que hay historias de generosidad, salud y comunidad escondidas incluso en los nombres más cotidianos de la ciudad.

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