Desde que era niño, siempre tuve la curiosidad de saber qué era Peñón de los Baños. En aquel entonces pensaba que era un lugar distante donde había muchos baños públicos, pero la realidad es que estaba algo equivocado. Y, si tú como yo, también tienes la duda de por qué existe un sitio llamado así, acompáñame a conocer todo sobre este emblemático lugar de la Ciudad de México.

El pueblo de Peñón de los Baños se localiza al noreste de la alcaldía Venustiano Carranza y es uno de los dos pueblos originarios de la demarcación. Su nombre proviene del enorme peñasco que domina el paisaje, una formación rocosa que en tiempos prehispánicos era conocida como Tepetzinco, “el cerrito”. Antes de que el Lago de Texcoco desapareciera, el peñón era un pequeño islote rodeado de agua, un sitio sagrado al que acudían gobernantes y nobles mexicas para descansar en sus famosos manantiales de aguas termales, considerados desde entonces espacios de recreación, sanación y ritualidad.

Con el paso de los siglos, el lugar siguió siendo un punto de interés. Durante el periodo virreinal se construyó una capilla junto a los manantiales, donde aún se conserva un retablo dedicado a la Virgen de Guadalupe y la figura conocida como el Cristo del Peñón, elaborada en pasta de caña de maíz. En el siglo XIX, personajes como Maximiliano y Carlota, Porfirio Díaz y diversos científicos y naturalistas visitaron las aguas para estudiar su composición mineral y experimentar sus supuestas propiedades curativas. Incluso exploradores como Alexander von Humboldt y Andrés Manuel del Río documentaron las características del sitio, consolidando su fama internacional.

El Peñón de los Baños no solo resguarda historia colonial y científica, también guarda huellas mucho más antiguas. En sus alrededores se encontraron restos humanos conocidos como la Mujer del Peñón, con una antigüedad cercana a los 12,500 años, uno de los descubrimientos más importantes para comprender la presencia humana temprana en el Valle de México. Este hallazgo convirtió al lugar en una referencia clave para la arqueología y la antropología del continente.

A lo largo del siglo XX, el crecimiento urbano transformó el antiguo paisaje lacustre en barrios populares, pero el pueblo conservó varias de sus tradiciones y su identidad cultural. En estas calles nació también la tradición sonidera, que convirtió al Peñón en un referente musical conocido como “Colombia Chiquita”, donde los sonidos tropicales y los bailes comunitarios marcaron la vida social de generaciones enteras.

Hoy, pese a la cercanía del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México y al ritmo acelerado de la ciudad moderna, el Peñón de los Baños sigue siendo un sitio lleno de memoria viva. Sus baños termales aún funcionan y continúan atrayendo a visitantes que buscan descanso, tradición y una experiencia distinta dentro de la capital. Caminar por sus calles permite entender que la Ciudad de México no solo se construye con grandes monumentos, sino también con pequeños pueblos que conservan historias milenarias escondidas entre mercados, capillas y antiguas montañas de roca volcánica.