La Plaza San Jacinto, ubicada frente a la Iglesia del mismo nombre en el corazón de San Ángel, es uno de esos espacios de la Ciudad de México donde el ritmo urbano parece bajar la voz. Más asociada hoy con su famoso mercado artesanal de los sábados, la plaza conserva una atmósfera que recuerda a los pueblos pequeños, con bancas a la sombra, fachadas históricas y una vida comunitaria que resiste al paso del tiempo.
Aunque se encuentra rodeada de restaurantes, galerías y puntos de reunión muy concurridos, la plaza suele ser más tranquila que su entorno inmediato. Es un parque querido por lxs vecinxs y una parada obligada para quienes buscan conocer el rostro más tradicional y artístico del sur de la ciudad.
El origen colonial de San Jacinto
La historia de la plaza está íntimamente ligada a la de San Ángel, antiguo pueblo conocido en náhuatl como Tenanitla, “lugar amurallado”, debido a las formaciones de lava que dejó la erupción del volcán Xitle. Durante el siglo XVI, frailes dominicos y carmelitas llegaron a la zona para evangelizar a la población indígena y levantaron una ermita dedicada a la Virgen del Rosario, que más tarde fue consagrada a San Jacinto.
A finales del siglo XVI comenzó la construcción de la iglesia y su convento, concluidos a inicios del siglo XVII. La plaza funcionó desde entonces como el centro del pueblo, primero como jardín y espacio comunitario, y más tarde como punto de encuentro del barrio colonial que se fue formando a su alrededor. Para la segunda mitad del siglo XVIII, San Ángel ya era un lugar atractivo para familias acomodadas, que edificaron grandes casonas, varias de las cuales aún se conservan.
La memoria del Batallón de San Patricio
La Plaza San Jacinto también guarda un episodio clave de la historia del país. En uno de sus muros se conserva una placa conmemorativa del Batallón de San Patricio, integrado principalmente por soldados irlandeses que apoyaron al ejército mexicano durante la invasión estadounidense de 1847. Estos combatientes fueron acuartelados en la cercana Casa del Risco, edificio que también funcionó como hospital durante las semanas de intensos combates por el control de la Ciudad de México.
La Casa del Risco y el legado cultural
Uno de los recintos más importantes que rodean la plaza es la Casa del Risco, construida en el siglo XVIII y también conocida como Casa del Mirador. A lo largo del tiempo tuvo múltiples usos y habitantes, entre ellos el escritor Manuel Payno y el diplomático Isidro Fabela. Tras un periodo de deterioro, fue rescatada como patrimonio histórico en el siglo XX y hoy alberga el Museo Casa del Risco o Centro Cultural Isidro Fabela, con una de las colecciones más importantes de arte barroco en México, además de exposiciones temporales.
El Jardín del Arte y el Bazar del Sábado
Cada sábado, la plaza se transforma. Desde 1958, el Jardín del Arte reúne a pintores y artistas visuales que exponen y venden sus obras al aire libre, convirtiendo el espacio en una galería viva. A esto se suma el tradicional Bazar del Sábado, instalado en una antigua casona frente a la plaza, donde es posible encontrar joyería de plata, textiles, cerámica, madera tallada, flores de papel y artesanías de todo el país.
Esta actividad artística constante ha consolidado a San Jacinto como un refugio para creadorxs y un punto clave del circuito cultural de la ciudad.
Flores, arte y vida de barrio
A lo largo del año, la plaza y sus alrededores también son escenario de celebraciones como la Feria de las Flores, que se realiza cada julio. Durante esos días, balcones, fachadas y calles se llenan de arreglos florales, música, danza y actividades culturales que refuerzan el carácter comunitario y festivo del barrio.
Hoy, caminar por la Plaza San Jacinto es recorrer un espacio donde conviven siglos de historia, memoria colectiva y creación artística. Un lugar donde el tiempo no se detuvo, pero aprendió a caminar despacio.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.