Estaba en la oficina vacía revisando los pendientes del día cuando llegó una compañera de Recursos Humanos. Como de costumbre, se acercó a mi escritorio para saludar y, al ver el libro que estaba leyendo, no pudo evitar hacer un comentario. Mientras caminaba hacia su escritorio —a menos de dos metros del mío— me quedé pensando en lo que acababa de decir: “en México no existe el racismo, lo que hay es clasismo”. Lo curioso es que, minutos antes, el libro que tenía en las manos mencionaba precisamente esa idea: la creencia de que en nuestro país no hay racismo porque somos una nación mestiza, el supuesto país de la “raza cósmica” que promovió Vasconcelos.

Aquella coincidencia abrió la conversación sobre el libro: ¡Quiero ser Antirracista! Manual práctico de Jumko Ogata Aguilar. Empecé a darle ejemplos de lo que plantea la autora y de cómo, aunque solemos pensar que el racismo es un problema exclusivo de países anglosajones, en realidad en México no solo existe, sino que constituye una de nuestras heridas sociales más profundas. Además, casi siempre va acompañado de otras violencias como el clasismo, el machismo, la LGBTfobia o el capacitismo. Y no hace falta buscar demasiado para evidenciarlo, está en expresiones cotidianas como “naco”, “indio”, “prieto”, “gata” o la tristemente común “hay que mejorar la raza”. También se manifiesta en los medios con personajes como la India Yuridia, el Vítor, el Negrito Tomás, El Costeño o el Tachidito; e incluso en los procesos de contratación laboral, donde las personas blancas suelen tener preferencia. Al final, mi compañera terminó interesándose en el libro, porque quería comprender cómo el racismo en México está tan normalizado que resulta invisible a simple vista.

¡Quiero ser Antirracista! Manual práctico es, como su nombre lo indica, una guía para comprender y combatir el racismo. A diferencia de otros textos —como los de F Navarrete, que también recomiendo—, este libro tiene la virtud de ser accesible y fácil de leer. Con un lenguaje claro, cercano y no académico, Jumko Ogata dedica capítulos a explicar conceptos básicos como la definición actual del racismo, así como a introducir otras nociones clave para entenderlo.

Uno de los aportes más valiosos del manual es la forma en que aborda la interseccionalidad: las violencias nunca ocurren de manera aislada, siempre se cruzan y se potencian. Así, el racismo suele ir de la mano del clasismo o el machismo, por lo que la lucha antirracista también debe ser feminista, anticapacitista y diversa en su mirada.

Otro aspecto clave es la claridad con la que Jumko explica por qué no existe el llamado “racismo inverso”. Mientras que el racismo es un sistema estructural que afecta todos los ámbitos de la vida de las personas racializadas, las agresiones hacia personas blancas ocurren de manera aislada, sin tener un impacto sistemático en su existencia. Esta explicación, sencilla pero contundente, ayuda a desmontar un mito muy extendido.

El libro también señala cómo el racismo cotidiano se refleja en los medios y cómo las redes sociales han servido tanto para radicalizarlo como para denunciarlo y combatirlo. Todo ello lo hace desde un tono esperanzador, que no busca juzgar, sino invitar a la reflexión: reconocer que todas y todos crecimos en un contexto racista, pero que siempre es posible cambiar, desaprender y construir nuevas formas de relacionarnos.

En definitiva, ¡Quiero ser Antirracista! no es un manual que pretenda acabar con el racismo —una lucha que será larga y compleja—, sino una invitación a reconocerlo, comprenderlo y sentar las bases de una acción colectiva contra él. Puede que si ya has leído otros libros sobre racismo en México encuentres ideas conocidas, pero sin duda ganarás nuevas herramientas de reflexión. Y si nunca te has acercado al tema, este libro es, probablemente, la mejor puerta de entrada a la lucha antirracista.