El año 2025 marcó un momento clave para el patrimonio cultural de México. Tradiciones vivas, territorios sagrados y ciudades históricas recibieron reconocimientos nacionales e internacionales que no solo fortalecen su protección, sino que también invitan a mirar con mayor atención la diversidad cultural que define al país.

Uno de los hitos más relevantes ocurrió en julio, cuando la Unesco inscribió la Ruta Wixárika por los Sitios Sagrados a Wirikuta en la Lista del Patrimonio Mundial. Con esta incorporación, México alcanzó 36 bienes reconocidos y se consolidó como el país con más inscripciones en América y uno de los primeros a nivel global. La declaratoria protege 20 sitios sagrados fundamentales para el pueblo wixárika, distribuidos a lo largo de una franja de 500 kilómetros que atraviesa Nayarit, Durango, Jalisco, Zacatecas y San Luis Potosí.

Este reconocimiento fue posible gracias al trabajo conjunto de comunidades indígenas, colectivos de defensa del territorio y diversas instituciones culturales. Más allá de la cifra, la distinción coloca en el centro la dimensión espiritual, simbólica y territorial de estos espacios, esenciales para la cosmovisión wixárika.

Hacia el cierre del año, otro acontecimiento resonó con fuerza en el ámbito del patrimonio cultural inmaterial. El 10 de diciembre, la Representación de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo en Iztapalapa fue incorporada a la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. La Unesco destacó el carácter comunitario y multigeneracional de esta tradición que, desde 1833, reúne a miles de habitantes de la alcaldía en una expresión colectiva de fe, identidad y organización social.

El reconocimiento subrayó también el respeto al consentimiento libre, previo e informado de la comunidad, así como la participación activa de organizaciones locales, autoridades culturales y gobiernos federal y capitalino. La Semana Santa en Iztapalapa no solo es una de las representaciones religiosas más grandes de América Latina, también es un ejemplo de cómo una tradición viva se transforma y se mantiene vigente a través del tiempo.

En el ámbito del patrimonio edificado, 2025 también trajo avances significativos. La Presidenta Claudia Sheinbaum decretó a la ciudad de Zacatecas y a la localidad de La Antigua, en Veracruz, como Zonas de Monumentos Históricos. En el caso de Zacatecas, esta declaratoria saldó una deuda pendiente, pues su centro histórico ya contaba con reconocimientos internacionales, pero aún no con esta figura de protección nacional.

Para La Antigua, la distinción abarcó más de 10 hectáreas que resguardan inmuebles construidos entre los siglos XVI y XIX. Su valor histórico es crucial, ya que fue ahí donde Hernán Cortés estableció el primer puerto y cabildo de la Nueva España, convirtiendo al sitio en una pieza clave para comprender los inicios del periodo colonial.

Estas declaratorias se celebraron con actividades culturales abiertas al público, como talleres, recorridos guiados, exposiciones y encuentros artísticos, organizados por el INAH en ambas localidades. Más que festejos, estas acciones buscaron acercar el patrimonio a niñas, niños y jóvenes, sembrando una relación viva con la historia y el entorno construido.

Los reconocimientos de 2025 dejaron claro que el patrimonio cultural mexicano no es una herencia estática, sino un entramado de memorias, prácticas y espacios que siguen dialogando con el presente.