¿Recuerdas los juegos que solías jugar cuando eras niño o niña? ¿Aquellas tardes en el parque o en la calle, donde vivías grandes aventuras junto a tus amigxs? Cuando surcaban los mares en busca de tesoros imaginarios, corrían en las carreras de autos más emocionantes o escalaban montañas hechas de tierra y sueños. ¿Recuerdas esos recreos en los que todo era risas y movimiento? Cuando se sentaban abrazadxs a jugar a las cebollitas, se escondían en cualquier rincón de la casa en las escondidas, saltaban sobre el “burro 16“, o esquivaban la cuerda girando en el juego de brincar la reata.
Un día estabas jugando en la calle con tus amigxs, y al siguiente ya estabas en una oficina vendiendo tu tiempo e intelecto a cambio de unos cuantos pesos al mes; estresadx por la situación económica, los pendientes interminables y las tensiones del mundo. ¿Qué fue lo que pasó? ¿En qué momento dejaste de jugar? ¿Cuándo olvidaste lo que era importante para ti?
¡Es momento de regresar a la infancia! De soltar, aunque sea por un rato, el estrés de la vida adulta y redescubrir la alegría de jugar. Esta es la poderosa invitación que hace César Brodermann, ganador del Premio Nacional de Danza Guillermo Arriaga, junto con la compañía de danza contemporánea Aterno, en Regreso: una coreografía que celebra el juego, la imaginación y la ternura de la niñez.
El espectáculo comienza incluso antes de la tercera llamada: un grupo de niñxs entra al teatro, pasea entre el público, juega, bromea y nos envuelve poco a poco en un ambiente de nostalgia y asombro. Ya en el escenario, esxs mismxs niñxs se transforman en bailarinxs que, a través de una danza llena de energía, creatividad y emoción, traen de vuelta aquellos juegos que parecían olvidados.
Regreso no es solo una coreografía visualmente bella y cargada de estímulos sensoriales; es también una obra que deja un mensaje profundo: que jugar no es cosa del pasado, sino una necesidad presente. Que recuperar la risa, la ligereza y la capacidad de asombro es un acto de resistencia frente a la rutina, la apatía y el peso de lo cotidiano. Al salir del teatro, no solo llevas imágenes hermosas en la mente, sino también una reflexión en el corazón: nunca es tarde para volver a jugar.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.