Entre polvo, oro y siglos de historia, uno de los tesoros más imponentes del arte virreinal en México acaba de recibir una intervención clave. El majestuoso Retablo de los Reyes, ubicado en la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México, fue sometido a trabajos de conservación supervisados por el Instituto Nacional de Antropología e Historia, devolviendo parte de su brillo original y afinando su estado para el futuro.

Un gigante barroco que vuelve a respirar

Construido en la primera mitad del siglo XVIII por el escultor español Jerónimo del Balbás, este retablo no es una pieza menor: mide más de 25 metros de altura y despliega un universo visual donde la madera tallada, el dorado y la escultura dialogan como si el tiempo no existiera.

Para intervenirlo, fue necesario montar un andamio de once niveles que permitió a los especialistas recorrer cada rincón, desde las zonas más visibles hasta los relieves ocultos entre columnas y ornamentos.

Limpieza, estabilización y un diagnóstico a fondo

Los trabajos, realizados entre febrero y marzo de 2026, incluyeron limpieza superficial y profunda para retirar capas acumuladas de polvo y hollín, así como la estabilización de zonas con desprendimientos en el dorado y la pintura.

También se atendieron huellas de antiguos daños, como galerías provocadas por insectos, hoy inactivos, y se realizaron reintegraciones cromáticas en áreas específicas para devolver continuidad visual a la obra.

El proceso fue supervisado por especialistas de la Coordinación Nacional de Conservación del Patrimonio Cultural, quienes confirmaron que, en términos generales, el retablo se mantiene estructuralmente estable.

Tecnología al servicio del patrimonio

Uno de los aportes más interesantes de esta intervención fue el escaneo tridimensional completo del retablo. Este registro permitirá contar con un mapa detallado de su estado actual y servirá como base para futuras restauraciones.

Más que una simple “puesta a punto”, se trata de una actualización profunda del conocimiento sobre la pieza, como si el retablo hubiera sido leído nuevamente, línea por línea, en clave contemporánea.

Un relato visual entre santos, reyes y escenas marianas

El Retablo de los Reyes no solo impresiona por su tamaño, sino por su complejidad simbólica. Su estilo barroco se reconoce en los estípites monumentales, las formas dinámicas y una decoración exuberante poblada de hojas, querubines y ángeles.

En el centro resguardan dos óleos del pintor novohispano Juan Rodríguez Juárez, dedicados a La adoración de los reyes y La asunción de la Virgen. A su alrededor, más de veinte pinturas narran episodios de la vida de María, mientras que las esculturas representan figuras de la realeza canonizada: santos que fueron reyes, príncipes o emperadores.

Un patrimonio que exige cuidado constante

Esta intervención no es un punto final, sino parte de un proceso continuo. La conservación de obras de esta escala requiere vigilancia constante, diagnósticos periódicos y decisiones técnicas precisas.

El Retablo de los Reyes, con su arquitectura dorada que parece contener siglos de devoción y arte, sigue en pie como una de las piezas más importantes del patrimonio mexicano. Y ahora, gracias a estos trabajos, su historia puede seguir brillando sin perder detalle.