Entre cerros antiguos, caminos de peregrinación y estaciones de metro, Santa Isabel Tola resiste como uno de los pueblos originarios de la Alcaldía Gustavo A. Madero. Para muchxs, este barrio es apenas la antesala del FARO Indios Verdes o un punto de paso rumbo al norte de la ciudad. Sin embargo, detrás de su ritmo cotidiano se esconde una historia que se remonta al mundo prehispánico y que sigue marcando la identidad de esta zona de la CDMX.

Ubicado entre los cerros del Tepeyac, Guerrero y Zacatenco, Santa Isabel Tola conserva una relación profunda con el paisaje que lo rodea. Al sur, el Parque del Mestizaje funciona como límite urbano y espacio de encuentro, además de resguardar el monumento original de los Indios Verdes, uno de los símbolos históricos más reconocibles del norte capitalino.

Tollan el origen prehispánico de Santa Isabel Tola

Antes de llamarse Santa Isabel, este territorio fue conocido simplemente como Tollan, un nombre de origen náhuatl que significa lugar de tules, en referencia a los ahuehuetes que dominaban la zona. Fundado alrededor de 1438, el pueblo se asentó en la ladera noroeste del cerro de Tecpayocan, un punto estratégico desde donde, según registros históricos, se celebró una temprana Ceremonia del Fuego Nuevo mexica, posiblemente la cuarta de su tipo.

Las leyendas de Tollan se remontan incluso al siglo XIII. En 1438, el gobernante Inamextli, nombrado por Izcóatl, gobernó tanto este pueblo como el vecino Zacatenco, donde hoy se levanta el Instituto Politécnico Nacional, una de las instituciones educativas más importantes del país.

Evangelización, caminos y peregrinos

Durante el siglo XVI, Santa Isabel Tola fue evangelizada por los franciscanos. La pequeña iglesia del pueblo, construida alrededor de 1570, sigue siendo uno de los corazones simbólicos del barrio. El Códice de Santa Isabel Tola documenta este tránsito entre el mundo prehispánico y los primeros años de la colonia, ofreciendo una valiosa mirada a la transformación cultural de la zona.

A inicios del siglo XVII, la construcción de un camino que conectaba el pueblo con la Calzada de los Misterios facilitó el paso de peregrinxs y nobles rumbo a la Villa de Guadalupe. No es casual que, pocos años después, surgieran las leyendas relacionadas con Juan Diego y las apariciones guadalupanas, historias que probablemente ocurrieron en las colinas que rodean lo que entonces aún se llamaba Tollan.

Santa Isabel de Portugal y el peso simbólico del nombre

El pueblo fue consagrado a Santa Isabel de Portugal, figura histórica beatificada en 1526 y canonizada en 1625. Su parentesco con la realeza española, en particular con Isabel la Católica, otorgaba a esta dedicatoria un fuerte simbolismo político y religioso en la época colonial.

Hoy en día, la iglesia de Santa Isabel de Portugal Tola conserva una práctica poco común en la Ciudad de México: la misa se celebra únicamente en el atrio al aire libre, como en el siglo XVI. El cementerio amurallado, aunque pequeño, ayuda a imaginar la magnitud del antiguo atrio y refuerza la sensación de estar en un espacio detenido en el tiempo, lejos del ruido urbano que lo rodea.

Del acueducto al metro Indios Verdes

La inauguración del Acueducto de Guadalupe en 1743 transformó profundamente al pueblo. Además de llevar agua abundante, dividió físicamente a la comunidad y dio origen a una pequeña laguna conocida como La Joya, que existió durante varios años.

En el siglo XIX, la llegada del ferrocarril y, más tarde, la expansión urbana, integraron definitivamente a Santa Isabel Tola a la capital. Durante buena parte del siglo XX, un famoso salón de baile animó la vida nocturna del barrio, hasta que el crecimiento de la ciudad lo cubrió por completo con la actual estación del metro Indios Verdes.

Un barrio vivo en la ciudad contemporánea

Hoy, Santa Isabel Tola es un barrio activo y lleno de contrastes. El Mercado de Santa Isabel Tola sigue siendo un punto clave para comer o hacer una pausa si se visita el FARO Indios Verdes o la iglesia del pueblo. Entre historia prehispánica, arquitectura colonial y vida urbana, esta zona demuestra que la Ciudad de México aún guarda pueblos enteros dentro de su traza moderna, esperando ser recorridos con otros ojos.