La entrada en operación completa del Tren Interurbano México–Toluca, conocido como El Insurgente, ya comienza a modificar el panorama de movilidad entre el Estado de México y la capital del país. Empresas de transporte foráneo que operan en la misma ruta estiman reducciones de hasta 65 % en sus ingresos, derivadas de la disminución en el número de pasajeros que ahora optan por el servicio ferroviario.

Representantes del sector explican que la caída en la demanda no comenzó con la inauguración total del proyecto en 2026, sino desde agosto de 2024, cuando abrió la estación Santa Fe. Con la reciente conexión hasta Observatorio, la tendencia se profundizó y obligará a las compañías a replantear su estrategia de operación en la región.

Aunque las empresas aseguran que no prevén despidos inmediatos, reconocen que la reducción en el flujo de usuarios podría impactar en la frecuencia de corridas y en la rentabilidad de algunas rutas tradicionales. En respuesta, varias líneas han comenzado a implementar tarifas promocionales y rutas complementarias que conecten con estaciones del tren, buscando mantener su participación dentro del sistema de movilidad regional.

Entre las medidas ya anunciadas se encuentran trayectos de enlace desde municipios cercanos, como Lerma, así como planes para ampliar cobertura en zonas del Valle de Toluca que aún no cuentan con conexión directa al tren, incluyendo Zinacantepec, Calimaya, Xonacatlán y Otzolotepec.

Especialistas del sector consideran que el cambio en los patrones de transporte es parte de una transformación estructural del sistema de movilidad entre el Estado de México y la Ciudad de México, donde el transporte ferroviario comienza a consolidarse como eje principal, mientras el servicio foráneo se adapta con nuevas rutas, horarios y esquemas tarifarios más competitivos.