En México habitan ajolotes, colibríes, murciélagos, jaguares y cientos de especies únicas que forman parte de uno de los países con mayor biodiversidad del planeta. Sin embargo, muchas de ellas enfrentan amenazas que las colocan en riesgo de desaparecer. Frente a este panorama, un nuevo libro busca acercar a niñas y niños al tema de la conservación desde un lugar poco común: el juego.
Pensado para lectores a partir de los 10 años, este proyecto reúne cerca de 30 actividades interactivas que combinan divulgación científica, ilustración y dinámicas lúdicas para explicar qué ocurre con distintas especies mexicanas y por qué es importante protegerlas. Más que un libro de ejercicios, funciona como una puerta de entrada a la ciencia y a la reflexión ambiental desde edades tempranas.
Entre sus páginas aparecen retos para unir puntos y revelar la figura de un ajolote mientras se explica por qué este anfibio se ha convertido en símbolo de conservación; actividades sobre colibríes y murciélagos que ayudan a entender su papel en la polinización; y ejercicios dedicados a los felinos mexicanos, donde los lectores relacionan patrones de manchas y pelajes con cada especie.
La propuesta también busca enfrentar la ecoansiedad desde una perspectiva positiva. En lugar de enfocarse únicamente en la pérdida o el desastre ambiental, el libro plantea pequeñas acciones cotidianas que pueden contribuir al cuidado de los ecosistemas y generar conversaciones familiares sobre la relación entre las personas y la naturaleza.
El proyecto fue desarrollado por la divulgadora científica Clementina Equihua, integrante del Instituto de Ecología de la UNAM, junto con la cineasta y periodista visual Alejandra Medellín, especializada en narrativas de divulgación científica. Ambas construyen un lenguaje accesible que traduce conceptos ecológicos complejos en actividades cercanas para públicos jóvenes.
El universo visual corre a cargo de la ilustradora y diseñadora Mariana Aguila González, quien aporta un estilo colorido y dinámico que convierte cada página en un espacio de exploración. Su trabajo mezcla ilustración editorial y visualización de datos para volver más comprensible la información científica.
Además de acercar datos curiosos sobre especies en peligro, el libro también explica por qué México es considerado un país megadiverso y cómo surgieron las listas de clasificación de riesgo para flora y fauna en el país. Todo ello sin abandonar un tono ligero y participativo que invita a aprender desde la curiosidad y no desde el miedo.
En un momento donde las conversaciones sobre cambio climático y conservación suelen resultar abrumadoras, esta propuesta apuesta por algo distinto: sembrar desde la infancia una relación más cercana, consciente y afectiva con la biodiversidad mexicana. Un recordatorio de que, a veces, cuidar el planeta puede comenzar con un juego, un dibujo o una página llena de colores.

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