En la Sierra Norte de Oaxaca sobrevive una de las variantes menos difundidas del zapoteco: el zapoteco de Yalálag. Aunque esta lengua forma parte del vasto patrimonio lingüístico de México, su transmisión entre niñas, niños y jóvenes se encuentra en riesgo. Frente a este panorama, un proyecto lúdico y profundamente arraigado a la tierra propone una vía distinta para acercarse a la lengua: el juego.
La Lotería y memorama de quelites y frutos mesoamericanos en zapoteco de Yalálag es el resultado de la colaboración entre el colectivo comunitario Dill Yel Nbán, el proyecto Opuntia Biodiversidad Alimentaria y Fundación Herdez. A través de ilustraciones botánicas cuidadosamente elaboradas, estos materiales enseñan vocabulario en zapoteco mientras celebran la riqueza de los quelites y frutos que forman parte de la alimentación tradicional de Villa Hidalgo Yalálag y de otros pueblos de la región.
Cada carta y cada par del memorama representan especies vegetales que han sostenido la dieta mesoamericana durante siglos. Más allá del juego, las piezas funcionan como una herramienta de memoria cultural: nombrar una planta en lengua originaria es también reconocer una forma de habitar el territorio, de alimentarse y de relacionarse con la naturaleza.
El colectivo Dill Yel Nbán está integrado por jóvenes de Yalálag y Betaza que han hecho de la lengua zapoteca un eje de creación y resistencia cultural. A través de vocabularios ilustrados, talleres comunitarios y materiales pedagógicos, el grupo busca que las nuevas generaciones se reconecten con su idioma desde ámbitos cotidianos como la vestimenta, la milpa, los animales y ahora, también, desde el juego de mesa.
Por su parte, Opuntia Biodiversidad Alimentaria, proyecto fundado y curado por la ilustradora Ana Ezcurra, ha construido un puente entre ciencia, arte y cocina tradicional. Su trabajo se centra en divulgar la importancia nutricional, ambiental e histórica de las plantas nativas de México, bajo una estética de ilustración botánica que convierte cada especie en una pieza visual de gran valor educativo.
En este cruce de saberes, la lotería y el memorama funcionan como un punto de encuentro entre lengua, biodiversidad y alimentación. Jugar se convierte así en una forma de aprendizaje afectivo, donde la infancia se acerca tanto a las palabras en zapoteco como a los alimentos que han sido desplazados por hábitos alimentarios industrializados.
El proyecto también forma parte de la línea educativa de Fundación Herdez, institución que desde hace años ha impulsado el conocimiento de los quelites a través de talleres, cursos y publicaciones. Integrar estos juegos a su colección responde a una visión más amplia: acercar la cocina mexicana y sus ingredientes originarios a públicos cada vez más jóvenes, desde una perspectiva cultural y comunitaria.
La Lotería y memorama de quelites y frutos mesoamericanos en zapoteco de Yalálag incluye cinco tablas de lotería, 27 tarjetas ilustradas, un memorama con 54 cartas (27 pares) y un morralito para resguardar el material. Su diseño no sólo privilegia la belleza gráfica, sino también la claridad pedagógica, pensada para que niñas, niños y familias puedan jugar mientras aprenden.
Actualmente, el juego se encuentra disponible en distintos espacios culturales y librerías independientes. En la Ciudad de México puede adquirirse en Fundación Herdez (Seminario 18, Centro Histórico), en Cencalli y en las librerías Gallina de Guinea, El Desastre y Tigridia, ubicada en el Jardín Botánico de la UNAM. En Tepoztlán se vende en La Sombra del Sabino y La Estival, mientras que en Oaxaca puede encontrarse en La Jícara. El precio al público es de 250 pesos.
En un país con más de 60 lenguas originarias, proyectos como este demuestran que la revitalización lingüística no sólo se construye desde las aulas o los discursos institucionales, sino también desde el juego, la ilustración, la comida y la vida cotidiana.

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