Maestras de la danza: un tributo desde el cuerpo, la memoria y la emoción en el Palacio de Bellas Artes
El Palacio de Bellas Artes fue escenario de un homenaje entrañable a cinco figuras imprescindibles en la historia de la danza en México. En el marco del ciclo Autobiografías danzadas de mujeres, bailarinas de distintas generaciones compartieron recuerdos, aprendizajes y vivencias junto a las maestras que marcaron sus caminos: Gloria Contreras, Rossana Filomarino, Nieves Paniagua, Lidya Romero y Sunny Savoy.
Organizado por la Coordinación Nacional de Danza del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL), el conversatorio se llevó a cabo en la Sala Manuel M. Ponce como parte de la temporada Diversas Danzas, Diversos Cuerpos, una iniciativa que busca visibilizar el legado de creadoras que han transformado la escena dancística en el país.
Cinco maestras, cinco legados
Moderado por Ximena Monroy —subdirectora de RiSoma de Creación y Pedagogías en Danza del INBAL—, el encuentro reunió a Olga Rodríguez, Amada Domínguez, Gabriela Noguez, Rocío Flores y Ana Díaz, bailarinas cuyas trayectorias están profundamente ligadas a las homenajeadas.
Ana Díaz, investigadora y bailarina, recordó su paso por la compañía de Sunny Savoy. “Ella me enseñó que el cuerpo se escucha y se cuida. Cada cuerpo es distinto, y en esa diferencia reside la humanidad de la danza”, compartió.
Olga Rodríguez, quien formó parte del Taller Coreográfico de la UNAM bajo la dirección de Gloria Contreras, evocó un momento clave durante el montaje del Réquiem de Mozart. “No quiero formas, quiero verte orar mientras bailas. Quiero que la gente vea a Dios en ti”, le dijo la coreógrafa.
Gabriela Noguez habló de su relación con Nieves Paniagua, cuyo legado fue celebrado recientemente por la Compañía Nacional de Danza Folklórica. “Transmitió amor y respeto profundo por la danza tradicional mexicana”, señaló.
Rocío Flores describió su experiencia junto a Lidya Romero como un espacio de juego, comunidad y pasión. “Tiene la habilidad de formar grupos entrañables donde cada diferencia enriquece la creación colectiva”, destacó.
Por su parte, Amada Domínguez se refirió a la sensibilidad escénica de Rossana Filomarino: “En su obra, un simple gesto, una respiración o un gran movimiento puede transformar el espacio en pura emoción”.
Danza, memoria y resistencia
Este homenaje no solo recupera historias individuales, sino que construye una narrativa colectiva en torno a la danza como forma de resistencia, emoción y construcción de identidad. Las cinco maestras reconocidas representan distintas generaciones, estilos y enfoques pedagógicos, pero todas han dejado una marca profunda en las formas de crear y habitar el cuerpo en movimiento.
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