En un campus donde la razón es brújula, hay historias que se escapan del mapa. En la Universidad Nacional Autónoma de México, particularmente en la Facultad de Psicología de la UNAM, circula un relato que parece arrancado de una película de terror… pero con testigos reales.

Le llaman el exorcismo de la UNAM.

Un viernes común que se torció de pronto

Era el final de una clase cualquiera. Exposiciones, apuntes, miradas cansadas. Todo seguía su curso hasta que una estudiante comenzó a comportarse de forma extraña: la cabeza hacia atrás, respiración agitada, una quietud incómoda que pronto se volvió alarma.

En cuestión de segundos, su cuerpo entró en una especie de convulsión. Cayó al suelo.

Y luego vino la risa.

No era nerviosa ni accidental. Era una risa que parecía no pertenecerle.

La frase que vació el salón

Entre ese estado alterado, la joven pronunció una frase que quedó grabada en quienes la escucharon:

—María, el señor no te salvará.

El aula se rompió. Algunxs estudiantes salieron de inmediato. Otrxs dudaron. Solo seis decidieron quedarse.

Y entonces, la escena cambió por completo.

Un ritual inesperado dentro del aula

La profesora tomó el control.

Se acercó a la estudiante junto con los seis compañerxs que permanecieron. Según los testimonios, fue ella quien dirigió lo que muchxs describen como un exorcismo. No hubo improvisación aparente: pidió fe, pidió concentración.

Al despertar, la joven no volvió en sí del todo. Comenzó a hablar de manera extraña, sosteniendo una especie de diálogo con la docente, como si respondiera a algo invisible.

Lxs estudiantes empezaron a rezar.

El salón, que minutos antes era un espacio académico, se transformó en un escenario cargado de tensión, donde cada palabra parecía intentar romper algo que no se veía.

Pasaron unos minutos.

Y entonces, poco a poco, la joven volvió.

La explicación que dejó más preguntas

Cuando todo terminó, la estudiante, confundida, se acercó a la profesora para preguntar qué había ocurrido.

La respuesta no fue médica ni académica.

La docente habló de una “capa de energía” que rodea a las personas. Una especie de protección invisible que, al romperse, permitiría la entrada de energías externas capaces de hacer daño.

No hubo más explicaciones.

Solo silencio.

Entre ciencia, sugestión y lo desconocido

Años después, el relato sigue circulando en redes y pasillos. Algunxs lo explican como un episodio psicológico extremo, un caso de sugestión colectiva o incluso una crisis neurológica.

Otrxs no están tan seguros.

Porque en ese salón, aquel viernes, algo cambió el ritmo de lo cotidiano. Y aunque la razón intenta acomodar las piezas, hay historias que no terminan de encajar.

Se quedan flotando.

Como una pregunta sin respuesta.