El balón aún no rueda, pero la conversación ya está en la cancha. A medida que se acerca la Copa Mundial de la FIFA 2026, México vive una mezcla de emoción colectiva y preocupación latente. Un reciente estudio de Ipsos revela que, aunque el entusiasmo por ser sede mundialista es alto, persisten dudas profundas sobre seguridad, organización e infraestructura.
Siete de cada diez mexicanos respaldan que el país forme parte de este escaparate global. La idea de mostrar la cultura, la hospitalidad y la riqueza gastronómica al mundo sigue siendo un motor poderoso. Sin embargo, detrás del entusiasmo aparece una narrativa más compleja, donde el optimismo convive con inquietudes estructurales.
En materia de seguridad, el panorama es especialmente sensible. El 56% de las personas encuestadas manifestó preocupación por la relación entre el evento y el narcotráfico, mientras que el 79% teme por la delincuencia común, como robos y asaltos. A esto se suma un 43% que se siente poco o nada confiado en que el Mundial se desarrolle en condiciones seguras. En este clima, más de la mitad considera incluso que lo mejor sería cancelar el evento o cambiar la sede.
Las preocupaciones no se detienen ahí. El aumento de precios, el uso de recursos públicos, el tráfico y la posible percepción negativa del país también figuran entre los focos rojos. Escenarios como disturbios entre aficionados, estafas a turistas o incluso actos de violencia vinculados al crimen organizado forman parte del imaginario colectivo que rodea al torneo.
En paralelo, la infraestructura aparece como otro terreno de evaluación crítica. Solo el 11% de los encuestados considera que México está muy bien preparado para albergar el Mundial, mientras que casi la mitad percibe una organización deficiente. Aunque seis de cada diez opinan que los estadios, hoteles y opciones de hospedaje están en condiciones adecuadas, la confianza disminuye cuando se habla de calles, transporte público o señalización urbana.
El diagnóstico apunta a una brecha entre espacios listos para el espectáculo y entornos urbanos que aún requieren atención. Las telecomunicaciones y aeropuertos reciben evaluaciones moderadas, pero la movilidad y la infraestructura cotidiana siguen siendo asignaturas pendientes que podrían influir en la experiencia de visitantes y en la imagen internacional del país.
A pesar de este escenario, el componente económico mantiene viva la expectativa. El 85% de los mexicanos cree que el Mundial traerá beneficios, especialmente a través del turismo. Sectores como el comercio local, la hotelería y la gastronomía aparecen como los principales beneficiados, dibujando una posible derrama económica que entusiasma tanto como el futbol mismo.
Además, casi la mitad de la población planea realizar algún gasto relacionado con el evento, desde consumo durante los partidos hasta la compra de boletos y productos oficiales. Este impulso refleja cómo el Mundial no solo se vive en los estadios, sino también en la vida cotidiana, en restaurantes, calles y pantallas compartidas.
En cuanto a la percepción internacional, prevalece una mirada optimista. La mayoría confía en que los visitantes extranjeros se llevarán una buena impresión de México, destacando la calidad de los servicios, la riqueza culinaria y la calidez de su gente.
Así, el Mundial 2026 se perfila como un espejo de doble cara. Por un lado, una oportunidad para proyectar lo mejor del país; por otro, un recordatorio de los retos que aún deben enfrentarse. Entre cánticos, cifras y expectativas, México se prepara para jugar un partido que va más allá del futbol.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.