La muerte, ese tema que atraviesa épocas como una sombra persistente, vuelve a colocarse en el centro de la conversación cultural. El Museo Nacional de San Carlos abre sus salas y su programa académico para explorar cómo se pensaba, se representaba y se ritualizaba el final de la vida en el siglo XIX, en un coloquio que dialoga directamente con el presente.
Bajo el título Con los ojos en la muerte. Miradas desde el arte y la cultura visual, este encuentro forma parte de las actividades públicas de la exposición El beso de la muerte. Representaciones mortuorias en el arte y la cultura visual del siglo XIX, una muestra que reúne cerca de 200 piezas y propone una revisión profunda de las prácticas funerarias y sus significados.
El punto de partida es tan simple como inquietante: ¿qué tanto hemos cambiado en nuestra forma de entender la muerte? Para el curador Luis Gómez Mata, la pregunta no es solo histórica, sino íntima. Mirar al siglo XIX implica reconocer qué elementos de aquellas prácticas siguen vivos en rituales contemporáneos, desde la visita al panteón hasta los gestos de duelo que hoy parecen naturales.
Durante el coloquio, especialistas como Veka Duncan y Horacio Acosta han abordado uno de los momentos clave en la transformación de estas prácticas: la separación entre Iglesia y Estado. Este proceso no solo redefinió estructuras políticas, también modificó la manera en que las sociedades se relacionaban con la muerte. La creación de cementerios fuera de los espacios religiosos marcó una ruptura que, en su momento, generó resistencia y desconcierto.
Ese cambio abrió paso a una nueva dimensión donde la ciencia comenzó a disputar el terreno simbólico que antes pertenecía casi exclusivamente a la religión. En ese cruce, surgieron prácticas que hoy parecen cotidianas, como llevar flores o encender veladoras en las tumbas, gestos que nacieron en medio de esa transición cultural.
Pero el coloquio no se queda en el pasado. A través de mesas de trabajo dedicadas a temas como memoria, duelo, enfermedad, violencia y ausencia, el encuentro propone una reflexión que conecta con preocupaciones actuales, desde la dignidad en la muerte hasta las formas en que las sociedades procesan la pérdida.
Además, actividades como el conversatorio Trasciende, por una muerte digna en México y la charla sobre la Colección Daniel Liebsohn amplían la conversación hacia el presente, donde la muerte sigue siendo un territorio en disputa entre lo médico, lo legal y lo cultural.
La exposición, que permanecerá abierta hasta el 29 de marzo, funciona como un espejo de otra época, pero también como una ventana hacia nuestras propias certezas. En sus salas, la muerte deja de ser un concepto abstracto para convertirse en imagen, símbolo y pregunta abierta.
La entrada al coloquio es libre, con cupo limitado, y forma parte de una programación que invita a mirar de frente aquello que, tarde o temprano, nos alcanza a todos.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.