La vejez pocas veces aparece en el cine latinoamericano como un territorio de rebeldía. En muchas películas, los personajes mayores quedan atrapados entre la nostalgia o el olvido. Pero en O Último Azul, el director brasileño Gabriel Mascaro transforma esa mirada en una travesía luminosa y profundamente incómoda sobre la dignidad humana, el derecho a decidir y la resistencia frente a un sistema que margina a quienes considera improductivos.
La película, que llega a las salas mexicanas este 7 de mayo, tuvo un paso destacado por la 75 edición de la Festival Internacional de Cine de Berlín, donde obtuvo el Gran Premio del Jurado. Ahora aterriza en la cartelera nacional como una de las propuestas cinematográficas más inquietantes y sensibles del año.
En el centro de la historia se encuentra Tereza, interpretada por Denise Weinberg, una mujer de 77 años que vive en una ciudad industrializada del Amazonas. En ese futuro cercano imaginado por Mascaro, el gobierno obliga a las personas mayores de 75 años a abandonar la vida productiva para ser trasladadas a colonias destinadas a “disfrutar” sus últimos años. La premisa parece salida de una distopía tropical envuelta en humedad, ríos infinitos y silencios pesados como tormenta eléctrica.
Sin embargo, la fuerza de la película no reside únicamente en su crítica social. Tereza se convierte en un personaje que desafía cualquier idea convencional sobre el envejecimiento. Antes de aceptar el exilio impuesto, emprende un viaje por los ríos amazónicos para cumplir un último deseo, una decisión que transforma la cinta en una odisea íntima donde cada paisaje parece respirar junto a ella.
Lejos de construir un drama solemne, Gabriel Mascaro apuesta por una experiencia sensorial que mezcla realismo mágico, contemplación y tensión política. La selva no funciona sólo como escenario; es un organismo vivo que acompaña la resistencia de Tereza, mientras la fotografía y la dirección de arte crean imágenes que oscilan entre lo onírico y lo profundamente humano.
Con esta historia, el director brasileño también coloca sobre la mesa temas urgentes como el edadismo, la productividad y la manera en que las sociedades contemporáneas definen quién merece seguir ocupando un espacio visible. En lugar de hablar de la vejez desde la fragilidad, la película la retrata como un acto de insurrección silenciosa.
Distribuida en México por Pimienta Films, la cinta se perfila como uno de los estrenos imperdibles para quienes buscan un cine latinoamericano capaz de dialogar con la realidad social sin renunciar a la poesía visual. Entre ríos, barcos y memorias que se niegan a desaparecer, O Último Azul convierte la resistencia en un viaje hipnótico que deja eco mucho después de abandonar la sala.
Sinopsis
Tereza, una mujer de 77 años, vive en una ciudad industrializada del Amazonas y recibe una orden oficial para trasladarse a una colonia donde las personas mayores deben pasar sus últimos años lejos de la vida productiva. Antes de aceptar ese destino, decide emprender un viaje por los ríos amazónicos para cumplir un último deseo que podría cambiar su vida para siempre.

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