Las calles de Puebla volvieron a teñirse de negro y amarillo con la edición número 17 de la Simicarrera, un evento deportivo que este año reunió a más de 4 mil 200 participantes y convirtió el running en una plataforma de apoyo para la conservación de las abejas meliponas y el trabajo comunitario de mujeres indígenas en Cuetzalan.
La competencia, organizada por Farmacias Similares, tuvo como punto de partida la Universidad Iberoamericana Puebla y convocó a corredores en las categorías de 5 y 10 kilómetros, además de una caminata recreativa de 3 mil metros que permitió la participación de familias completas, mascotas y corredores aficionados.
Uno de los momentos más destacados de la jornada fue la victoria del atleta tlaxcalteca Marco Antonio Martínez, quien logró conquistar el primer lugar absoluto en la prueba de 10 kilómetros con un tiempo de 31 minutos y 49 segundos. Después de mantenerse en la segunda posición durante parte del recorrido, el corredor lanzó un ataque decisivo en el kilómetro tres y tomó la delantera hasta cruzar la meta.
En la rama femenil, la poblana Laura Citlali Cabaña Chávez dominó la competencia de principio a fin y llegó en solitario a la meta con un tiempo de 36 minutos y 38 segundos. Detrás de ella finalizaron Inés Sarahí Zárate y Ana Pereda.
La prueba de 5 kilómetros también dejó momentos destacados con los triunfos de Ivette López Salgado, quien registró un tiempo de 21 minutos y 26 segundos, y José Lucas Huitzil Almonte, que cruzó la meta en 16 minutos y 48 segundos.
Más allá de la competencia deportiva, la Simicarrera mantuvo su carácter social y comunitario. Lo recaudado por las inscripciones será destinado a Tochan “Nuestra Casa”, una asociación que trabaja en el cuidado de las abejas meliponas y en proyectos comunitarios junto a mujeres indígenas nahuas que integran la Red Siuamej Tayolchikauanij, conformada por más de 250 integrantes.
Desde muy temprano, la avenida Atlixcáyotl se convirtió en una especie de romería runner: atletas empujando carriolas, corredores acompañados de sus perros y decenas de personas animadas por los ya tradicionales clones del Dr. Simi, que entre música, peluches y porras transformaron el recorrido en una celebración colectiva.
Con esta edición, la Simicarrera reafirmó cómo los eventos deportivos también pueden funcionar como espacios de convivencia y conciencia social, donde cada kilómetro recorrido ayuda a impulsar proyectos ambientales y comunitarios que buscan preservar tanto la biodiversidad como las tradiciones locales.

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