La historia del muralismo mexicano suele contarse a través de nombres como Diego Rivera, José Clemente Orozco o David Alfaro Siqueiros. Sin embargo, en los márgenes de ese relato oficial también existieron artistas que exploraron caminos distintos, más cercanos al simbolismo, el art déco, la espiritualidad y las representaciones no convencionales del cuerpo. Uno de ellos fue Roberto Montenegro, cuya obra ahora protagoniza la exposición Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma en el Museo del Palacio de Bellas Artes.
La muestra, organizada por el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura, reúne más de 90 piezas entre murales, fragmentos restaurados, retratos y obra gráfica que permiten revisar la trayectoria de uno de los artistas más singulares del siglo XX mexicano. La exposición se concentra especialmente en el periodo comprendido entre 1922 y 1934, etapa en la que Montenegro desarrolló algunos de sus trabajos más importantes en el ex convento de San Pedro y San Pablo.
Entre las obras revisadas destaca El árbol de la vida, mural realizado en 1922 por encargo de José Vasconcelos, considerado una de las primeras piezas del muralismo posrevolucionario. A diferencia de otros artistas de su generación, Montenegro integró referencias al arte popular, elementos indígenas y una sensibilidad estética influenciada por corrientes europeas que terminaron por darle una voz propia dentro del movimiento.
La exposición también explora temas menos abordados en torno al artista jalisciense, como sus representaciones de la masculinidad, su interés por el cuerpo masculino y su postura frente a los conflictos políticos internacionales del siglo XX. Obras como Hecatombe o Síntesis revelan una mirada crítica sobre el fascismo, la guerra y los autoritarismos que marcaron aquella época.
Otro de los ejes de la muestra es la relación de Montenegro con el arte popular mexicano. Además de su labor como pintor y muralista, el artista impulsó la preservación de expresiones artesanales y promovió iniciativas que ayudaron a consolidar espacios dedicados al arte popular en México. Esa faceta convive aquí con materiales restaurados mediante la técnica del strappo, utilizada para rescatar fragmentos murales deteriorados y exhibirlos como piezas autónomas fuera de su contexto arquitectónico original.
La curaduría, a cargo de Daniel Garza Usabiaga, propone una lectura distinta del muralismo mexicano, alejada de las narrativas tradicionales y enfocada en las múltiples modernidades artísticas que coexistieron en el país durante las primeras décadas del siglo XX.
Roberto Montenegro. Muralismo fuera de la norma permanecerá abierta hasta el 6 de septiembre de 2026 en el Museo del Palacio de Bellas Artes, ubicado en el Centro Histórico de la Ciudad de México. La exposición se convierte así en una oportunidad para redescubrir a un creador que transformó el muralismo en un territorio más íntimo, simbólico y experimental, como un mural secreto pintado detrás de la historia oficial del arte mexicano.

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