Pocas leyendas urbanas de la Ciudad de México han sido tan persistentes, extrañas y fascinantes como la de la Rata Gigante de La Merced. A diferencia de las historias de fantasmas, monjas espectrales o apariciones coloniales, esta leyenda nació en uno de los espacios más concurridos y cotidianos de la capital: el mercado.

Durante décadas, comerciantes, cargadores, vecinxs y compradorxs aseguraron haber escuchado historias sobre un enorme roedor que se movía entre los pasillos del mercado, desaparecía en las alcantarillas y emergía durante la noche para alimentarse de desperdicios. Con el tiempo, los rumores crecieron tanto que la criatura terminó convirtiéndose en uno de los monstruos más célebres del imaginario popular capitalino.

Una leyenda nacida entre bodegas y callejones

La Merced ha sido durante siglos uno de los principales centros de comercio de la Ciudad de México. Miles de toneladas de frutas, verduras, granos y alimentos pasan diariamente por sus naves, bodegas y patios de carga.

También ha sido históricamente un lugar donde abundan las ratas.

La enorme cantidad de mercancías, basura orgánica y drenajes convirtió al barrio en un entorno ideal para estos animales. Por ello, cuando comenzaron a circular relatos sobre un roedor fuera de lo común, muchxs habitantes no descartaron la posibilidad de que fuera real.

Según las versiones más difundidas, la criatura medía cerca de metro y medio de largo y pesaba alrededor de cuarenta kilos. Algunxs aseguraban que tenía el tamaño de un perro grande. Otrxs afirmaban que era incluso más grande.

Lo único en lo que coincidían todos los relatos era que se trataba de una rata gigantesca.

El monstruo de los túneles

La leyenda cobró fuerza durante la década de 1980.

De acuerdo con numerosos testimonios, el animal aparecía entre los puestos cuando caía la noche y el bullicio desaparecía. Algunxs vendedorxs afirmaban haberlo visto correr entre montones de cajas y huacales. Otrxs aseguraban que utilizaba los túneles del Metro y las alcantarillas para desplazarse por todo el barrio.

Las historias comenzaron a multiplicarse.

Se decía que el enorme roedor roía cajas de madera, destruía mercancías y se alimentaba de perros callejeros. Había quienes juraban haber visto sus ojos brillando en la oscuridad entre los montones de basura acumulados cerca de las bodegas.

Cada nuevo testimonio parecía agrandar aún más a la criatura.

El rumor que llegó a los periódicos

El 17 de marzo de 1981, el periódico El Universal Gráfico publicó una nota sobre la supuesta existencia de una rata gigantesca en La Merced.

La noticia provocó un enorme revuelo.

Pronto comenzaron a circular versiones cada vez más extraordinarias. Algunxs aseguraban que el animal había sido capturado y llevado al Zoológico de Aragón. Otrxs afirmaban que especialistas de la Facultad de Medicina Veterinaria y Zootecnia de la UNAM la habían estudiado.

Incluso se llegó a contar que había sido atrapada mientras intentaba llevarse a un bebé de una jarciería cercana al mercado.

Sin embargo, ninguna de estas historias pudo comprobarse.

La supuesta rata aparecía y desaparecía de los relatos con la misma facilidad con la que, según decían, se escabullía por los túneles subterráneos.

El miedo de toda una generación

Para quienes crecieron en los alrededores de La Merced durante aquellos años, la historia era mucho más que una simple curiosidad.

El cronista Jesús Rodríguez Petlacalco recuerda que de niño sentía auténtico terror al acercarse a ciertas zonas del mercado. Los basureros y las áreas de carga eran vistos como posibles escondites del gigantesco animal.

El miedo se alimentaba de una realidad difícil de ignorar: la Ciudad de México siempre ha tenido una enorme población de roedores.

Bajo las calles existe una vasta red de drenaje que se extiende por decenas de miles de kilómetros. Para muchxs habitantes, imaginar que uno de esos animales hubiera crecido hasta alcanzar proporciones monstruosas no parecía completamente imposible.

La gran campaña contra las ratas

La preocupación llegó a tal punto que las autoridades emprendieron campañas de control de fauna nociva en distintos puntos de la ciudad.

En La Merced se realizaron fumigaciones masivas y operativos especiales para combatir las plagas de roedores. Según diversos reportes de la época, tras estas acciones aparecieron cientos de miles de ratas muertas en los alrededores del mercado.

Pero entre todos aquellos cadáveres nunca apareció el de la legendaria rata gigante.

Su ausencia no hizo más que fortalecer el misterio.

Para algunxs, aquello demostraba que nunca había existido. Para otrxs, simplemente significaba que había logrado escapar.

Entre la realidad y el mito

Hoy resulta imposible saber si alguna vez existió un roedor excepcionalmente grande que diera origen a la leyenda o si todo fue producto de rumores alimentados por el temor colectivo.

Lo cierto es que la Rata Gigante de La Merced se convirtió en parte del folclore contemporáneo de la Ciudad de México.

Como sucede con muchas leyendas urbanas, la historia nació de una preocupación real, en este caso la presencia constante de ratas en una de las zonas comerciales más importantes de la capital, pero terminó transformándose en un relato fantástico que pasó de generación en generación.

Más de cuarenta años después, vendedorxs, cargadores y vecinxs siguen recordando al misterioso animal que supuestamente recorría los pasillos del mercado cuando las luces se apagaban y la ciudad comenzaba a dormir. Quizá nunca existió. O quizá todavía permanece oculto en algún rincón de ese enorme laberinto de bodegas, drenajes y túneles que se extiende bajo La Merced.