Imagina que decides alejarte de la mancha urbana para recorrer alguno de los cerros que rodean tu ciudad. Imagina el canto de los pájaros mezclándose con los claxonazos y el rugido lejano de los motores. Imagina un paisaje natural que ha sido invadido sutilmente por la civilización, donde postes de luz y antenas se levantan estratégicamente sobre las montañas. Ahora imagina que ese cerro se encuentra en los alrededores de Pachuca, una ciudad donde has vivido buena parte de tu vida y cuyos cerros, como los de toda la Comarca Minera, han sido transformados por siglos de actividad extractiva y por el crecimiento urbano.

El resultado es un paisaje tan bello como aterrador, una especie de naturaleza posapocalíptica que ha aprendido a sobrevivir al deterioro provocado por el ser humano. Ese es el escenario que recorre un hombre anónimo mientras reflexiona sobre la forma en que hemos modificado el territorio, cubriéndolo de jal, el residuo que deja el procesamiento de minerales, y contaminando poco a poco todo lo que lo rodea.

Cerros Testigos es justamente eso. Más que una obra de teatro convencional, se trata de una instalación escénica, o incluso de lo que yo llamaría un paisaje escénico, en el que la y el espectador emprende un recorrido por un cerro de Pachuca. El trayecto comienza donde nacen los ríos de avenidas que descienden hacia la ciudad y avanza hasta encontrarse con árboles parcialmente sepultados por el jal, mientras el protagonista recuerda cómo ha cambiado el paisaje y reflexiona sobre las consecuencias de la intervención humana.

La propuesta resulta interesante, sencilla y visualmente muy bella, aunque también es arriesgada. Muy arriesgada. Y es que, a pesar de su suencillez, no es una obra para todo el mundo. Precisamente en esa apuesta radica buena parte de su complejidad. Si llegas al teatro esperando una historia tradicional, con un conflicto claro y una narrativa convencional, es posible que no conectes con ella. Pero si entras con la mente abierta, dispuestx a dejarte llevar por las imágenes, los sonidos y las reflexiones del personaje, la experiencia puede resultar profundamente envolvente. Además, al finalizar la función, el público puede disfrutar de un pequeño sonidero instalado en el lobby del teatro, un cierre inesperado que contrasta con el tono contemplativo de la puesta en escena.

Desde antes de comenzar la función, la experiencia ya ha iniciado. Al entrar al Teatro Orientación, lo primero que llama la atención es que la rampa de acceso fue intervenida para asemejarse a los cerros de Pachuca. Cuando el reloj marca las ocho, las luces del lobby se apagan y la acción comienza. Una puerta lateral se abre y lxs espectadorxs ingresan a la sala para descubrir que las butacas también forman parte del paisaje. El recorrido continúa hasta atravesar, literalmente, una mina que conduce al escenario, donde un cerro construido con pocos elementos domina el espacio y está rodeado por el público. A través de paisajes sonoros, piedras, juegos de sombras y una cuidada iluminación, el hombre que recorre estos cerros inicia su reflexión. Todo ello convierte la puesta en una experiencia inmersiva, estéticamente muy atractiva y distinta a lo que suele verse en los escenarios.

Cerros Testigos es una propuesta diferente. Un paisaje escénico que plantea una crítica sobre el extractivismo que ha transformado los cerros de Pachuca y, al mismo tiempo, una invitación a observar con otros ojos esos paisajes que solemos dar por sentados. Es una obra que habla de un territorio muy específico, pero cuya reflexión puede trasladarse a prácticamente cualquier ciudad donde la naturaleza ha ido cediendo terreno frente al desarrollo humano.

Quizá su mayor virtud sea precisamente esa, hacer que las y los espectadores salgan del teatro con más preguntas que respuestas. ¿Qué tanto conocemos los paisajes que habitamos? ¿Cuánto de lo que hoy consideramos normal es, en realidad, la huella de siglos de explotación? Sin recurrir al discurso panfletario, la obra consigue sembrar esas dudas y dejar que cada persona encuentre sus propias respuestas durante el camino de regreso a casa.