Hay pueblos que destacan por sus paisajes y otros por su gastronomía. Real del Monte tiene ambas cosas, pero lo que realmente lo hace diferente es que aquí una parte de la historia de México terminó mezclándose con la de Inglaterra.
Basta caminar por sus calles empedradas para descubrir casonas con techos inclinados, chimeneas de ladrillo, balcones de madera y fachadas que parecen sacadas de algún pueblo europeo mexicanizado. Sin embargo, detrás de esa arquitectura también hay minas centenarias, leyendas de barreteros, uno de los movimientos obreros más importantes de la historia del país y una tradición gastronómica que terminaría convirtiéndose en uno de los platillos más representativos de Hidalgo: los pastes.

Todo esto convierte a Real del Monte en mucho más que un Pueblo Mágico. Es uno de esos lugares donde cada calle parece contar una historia distinta y donde resulta imposible hablar de México sin mencionar a los miles de mineros ingleses que llegaron hasta estas montañas hace casi dos siglos.
Un poco de historia de Real del Monte
Aunque la fama de Real del Monte está ligada a la minería colonial, la historia de este lugar comenzó mucho antes de la llegada de los españoles. Diversos vestigios arqueológicos indican que pueblos como los toltecas ya conocían y aprovechaban algunos de los minerales que existían en estas montañas.
Con la llegada del Virreinato, la Corona Española encontró en la Sierra de Pachuca uno de los distritos mineros más importantes de la Nueva España. Fue entonces cuando surgió el Real del Monte, llamado así porque pertenecía directamente al rey de España y porque se encontraba rodeado por las montañas que aún hoy caracterizan la región.

Durante el siglo XVIII, Pedro Romero de Terreros, primer Conde de Regla, impulsó la explotación minera y convirtió a Real del Monte en uno de los centros productores de plata más importantes del continente. La riqueza que salió de estas minas fue tan grande que le permitió convertirse en uno de los hombres más acaudalados de la Nueva España y fundar instituciones que todavía existen, como el Nacional Monte de Piedad.
Pero la historia de Real del Monte no siempre estuvo marcada por la bonanza.
En 1766, los mineros protagonizaron una protesta para exigir mejores condiciones laborales después de que Romero de Terreros intentara aumentar las cargas de trabajo y reducir algunos de sus beneficios. Aquella manifestación es considerada por muchos historiadores como el primer antecedente de las huelgas obreras en México y uno de los movimientos laborales más importantes de la época colonial.
Tras la Independencia, muchas minas quedaron abandonadas y comenzaron a inundarse. Parecía que la minería en la región había llegado a su fin, hasta que una propuesta de inversión cruzó el océano Atlántico.

Cuando los ingleses llegaron a Hidalgo
En 1824 comenzó una de las historias más curiosas de México.
Un grupo de empresarios provenientes de Cornualles decidió invertir en las minas de Pachuca y Real del Monte. Poco después llegaron los primeros ingenieros y especialistas ingleses, seguidos por cientos de familias que cruzaron el Atlántico con un objetivo muy claro: devolverle la vida a las minas hidalguenses.
La tarea no fue sencilla.
Las enormes máquinas de vapor necesarias para desaguar los socavones desembarcaron en Veracruz y tuvieron que recorrer cientos de kilómetros hasta Hidalgo. Fue necesario ampliar caminos, construir vehículos especiales y utilizar decenas de animales de carga para transportar cada una de sus piezas. El viaje duró casi un año antes de que las máquinas comenzaran a funcionar.
Aquella migración transformó para siempre la región.
Los ingleses introdujeron nuevas tecnologías para la minería, levantaron viviendas con un estilo arquitectónico que aún puede apreciarse en varios barrios de Real del Monte y trajeron consigo muchas de sus costumbres.

Entre ellas llegaron dos de las cosas que hoy identifican a Hidalgo en todo México: el fútbol y los pastes.
El nacimiento de los pastes
Los mineros de Cornualles acostumbraban llevar al trabajo unas empanadas rellenas de carne y papa que podían comer fácilmente dentro de las minas sin ensuciar el alimento. Aquella receta evolucionó con ingredientes mexicanos hasta convertirse en el tradicional paste que hoy puede encontrarse prácticamente en cada esquina del pueblo.
La llegada del futbol a México
Con ellos también llegaron los primeros balones de fútbol. Mucho antes de que este deporte se popularizara en el resto del país, los trabajadores ingleses ya organizaban partidos en los llanos cercanos a las minas, razón por la que muchos consideran a Real del Monte y Pachuca como la cuna del fútbol mexicano (aunque seguro en Orizaba se enojarían por esta afirmación).
Gracias a toda esa herencia, hoy a Real del Monte también se le conoce como el pequeño Cornualles.
¿Qué hacer en Real del Monte?
Aunque la mayoría de lxs visitantes llegan buscando probar un buen paste, la realidad es que Real del Monte o Mineral del Monte ofrece mucho más que gastronomía.
Recorrer el centro histórico ya es una experiencia por sí sola. Sus calles empedradas suben y bajan entre antiguas casonas mineras, pequeñas plazas, escalinatas y edificios que mezclan la arquitectura novohispana con la influencia británica. Es uno de esos pueblos que vale la pena recorrer sin prisa, entrando a las panaderías, cafeterías, tiendas de artesanías y, por supuesto, a alguna de sus tradicionales pastelerías de pastes.

Sin embargo, además de caminar por sus calles, existen varios sitios que ayudan a entender por qué este pequeño pueblo tuvo un papel tan importante en la historia de México.
Parroquia de Nuestra Señora del Rosario
Ubicada frente al jardín principal, la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario es el edificio religioso más importante de Real del Monte.
Aunque los primeros franciscanos llegaron durante el siglo XVI, el templo que hoy puede visitarse fue construido a principios del siglo XVIII bajo un elegante estilo barroco. Uno de sus detalles más curiosos son sus dos torres campanario, que parecen diferentes entre sí.
Y no es una ilusión.
La torre original conserva el estilo español de la época virreinal, mientras que la segunda fue añadida durante el siglo XIX gracias a las aportaciones de los propios mineros y presenta una marcada influencia inglesa. En cierto modo, el edificio resume la historia del pueblo: dos culturas compartiendo un mismo espacio.
En su interior predominan los altares neoclásicos y un ambiente bastante sobrio que invita a recorrerlo con calma.

Capilla de la Santa Veracruz
A unas cuantas calles del centro se encuentra otro de los templos históricos de Real del Monte.
La Capilla de la Santa Veracruz fue construida durante el siglo XVIII sobre una iglesia mucho más antigua fundada por los franciscanos. Desde el exterior destaca su sencilla portada barroca y la torre campanario que domina buena parte del barrio.
En el interior todavía se conservan dos magníficos retablos dorados elaborados durante el siglo XVIII, considerados entre los elementos artísticos más importantes del templo.
Capilla del Señor de Zelontla
Si existe un santo profundamente ligado a la identidad minera de Real del Monte, ese es el Señor de Zelontla.
La pequeña capilla donde se venera esta imagen fue construida originalmente en honor a San Felipe, aunque años después llegó desde España la imagen del Señor de Zelontla, convirtiéndose en el principal protector de los barreteros.
Cada enero, cientos de trabajadores y habitantes participan en una de las celebraciones más importantes del municipio para honrar a quien consideran el patrono de los mineros, una tradición que sigue viva después de más de dos siglos.

Panteón Inglés
Probablemente ningún lugar resume mejor la relación entre Hidalgo e Inglaterra que el Panteón Inglés.
Construido en 1851 sobre una ladera que domina el pueblo, este pequeño cementerio alberga más de setecientas tumbas pertenecientes a los ingenieros, mineros y familias británicas que llegaron a trabajar en la región durante el siglo XIX.

Casi todas las sepulturas están orientadas hacia Inglaterra, como si sus ocupantes continuaran mirando hacia la tierra donde nacieron. Solo existe una excepción, y alrededor de ella gira una de las leyendas más famosas del pueblo.
Se dice que pertenece a Richard Bell, un célebre payaso inglés que decidió ser enterrado dando la espalda a su país natal porque aseguraba que México había sido el lugar donde realmente encontró su hogar. Aunque la historia mezcla realidad y leyenda, basta recorrer el cementerio para entender por qué es uno de los sitios más emblemáticos de Real del Monte.

Monumento al Minero Anónimo
Si hay un monumento que representa la esencia de Real del Monte es el dedicado al Minero Anónimo.
La enorme escultura muestra a un barretero sosteniendo una perforadora original, mientras detrás de él se levanta un obelisco iluminado y un mural que resume la historia minera de la región.
Más que un homenaje a una persona en particular, este monumento reconoce el trabajo de miles de hombres que durante siglos descendieron diariamente a las minas y construyeron la riqueza que dio fama internacional a Real del Monte.

Monumento a la Primera Huelga
Muy cerca de la antigua Mina La Dificultad se encuentra otro sitio que suele pasar desapercibido para muchxs visitantes, pero que posee un enorme valor histórico.
Aquí se recuerda la huelga minera de 1766, considerada uno de los primeros movimientos obreros de México.
Aunque hoy el monumento parece sencillo, representa uno de los episodios más importantes de la historia laboral del país y permite comprender que Real del Monte no solo fue un centro minero, sino también un lugar donde comenzaron a gestarse algunas de las primeras luchas por los derechos de los trabajadores.
Museos que cuentan la historia de Real del Monte
Si algo tiene Real del Monte es que buena parte de su historia sigue intacta. A diferencia de otros antiguos pueblos mineros, aquí todavía es posible entrar a las minas, recorrer los edificios donde trabajaban los barreteros y conocer cómo era la vida cotidiana de quienes pasaban gran parte de sus días bajo tierra.

Museo de Sitio Mina de Acosta
Si solo pudieras visitar una mina durante tu estancia en Real del Monte, probablemente tendría que ser la Mina de Acosta.
Abierta desde 1727 y en funcionamiento hasta 1985, esta mina permite recorrer prácticamente toda la historia minera de la región en un solo lugar. Aquí convivieron las técnicas coloniales, la tecnología que introdujeron los ingleses con sus enormes máquinas de vapor y, más adelante, los sistemas eléctricos implementados por las compañías estadounidenses.
Lo mejor de la visita llega cuando te entregan casco, lámpara, botas y overol para descender por uno de los antiguos socavones. Caminar por sus túneles, donde durante siglos trabajaron miles de mineros, ayuda a entender la enorme dimensión de la industria que dio origen a Real del Monte.
Museo de Sitio Mina La Dificultad
Muy cerca del Monumento a la Primera Huelga se encuentra otro de los grandes símbolos de la minería hidalguense: la Mina La Dificultad.
Desde lejos llama la atención su enorme casa de máquinas de estructura metálica, una de las imágenes más representativas de la Comarca Minera. En su interior se conserva maquinaria original utilizada para extraer el mineral, además de diversas salas donde se explica la evolución tecnológica que permitió mantener operando algunas de las minas más profundas de México.
Incluso si no eres un apasionado de la ingeniería, vale la pena recorrer el museo simplemente para admirar la monumental estructura industrial que domina el paisaje.

Museo de Medicina Laboral
Pocas personas imaginan que uno de los hospitales más modernos de México, a principios del siglo XX, se encontraba precisamente en Real del Monte.
El actual Museo de Medicina Laboral ocupa el antiguo Hospital Minero, inaugurado en 1907 gracias al esfuerzo conjunto de la Compañía Real del Monte y Pachuca y de los propios trabajadores.
Durante el recorrido es posible conocer antiguos quirófanos, consultorios, instrumental médico, mobiliario original y distintos equipos utilizados para atender los accidentes que ocurrían dentro de las minas. La visita también ayuda a comprender las difíciles condiciones en las que trabajaban los barreteros y la importancia que tuvo este hospital para la comunidad minera.
Además, el recinto suele albergar exposiciones temporales, actividades culturales y eventos organizados por la comunidad.
Museo del Paste
Después de recorrer tantas minas, llega el momento de conocer el otro gran símbolo de Real del Monte.
El Museo del Paste cuenta la historia de este famoso platillo que llegó desde Cornualles junto con los mineros ingleses durante el siglo XIX.
A través de fotografías, herramientas mineras, utensilios de cocina y diferentes espacios interactivos, el museo explica cómo aquellas empanadas que los trabajadores llevaban a las minas fueron adaptándose poco a poco a los ingredientes mexicanos hasta convertirse en el tradicional paste hidalguense.
Uno de los detalles más curiosos es conocer por qué los pastes originales tenían una gruesa orilla trenzada. Esa parte funcionaba como una especie de mango que permitía sujetarlos con las manos sucias de tierra y minerales sin tocar el relleno. Después de comer, los mineros simplemente desechaban ese borde.
Museo Casa Grande
Construida entre 1765 y 1769 por órdenes de Pedro Romero de Terreros, la Casa Grande fue durante muchos años el centro administrativo desde donde se dirigía buena parte de la actividad minera de la región.
Hoy, tras un largo proceso de restauración encabezado por la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo, el edificio funciona como museo y centro cultural.
Más allá de sus exposiciones temporales, vale la pena visitarlo por el inmueble en sí. Sus patios, corredores y gruesos muros permiten imaginar cómo era la administración de una de las empresas mineras más importantes de la Nueva España.

Los pastes mucho más que un platillo típico
Sería imposible hablar de Real del Monte sin hablar de los pastes.
Aunque hoy existen versiones de mole, piña, atún, frijoles, chocolate y prácticamente cualquier ingrediente imaginable, el paste tradicional sigue preparándose con carne, papa, cebolla y pimienta, muy parecido al que los mineros ingleses llevaban a trabajar hace casi doscientos años.
Actualmente encontrarás decenas de pastelerías especializadas repartidas por todo el centro del pueblo. La discusión sobre cuál vende los mejores es prácticamente infinita y cada habitante defenderá una diferente, así que mi recomendación es muy sencilla: prueba varios.
Si tienes oportunidad de visitar Real del Monte durante octubre, podrás encontrarte con el Festival Internacional del Paste, donde decenas de productores preparan miles de piezas y presentan versiones tradicionales y otras bastante creativas.
Vale la pena quedarse más de unas horas
Muchas personas visitan Real del Monte únicamente para comer un paste, tomarse una fotografía en las calles principales y regresar a casa. Sin embargo, hacerlo así es perderse buena parte de lo que este pueblo tiene para ofrecer.
Real del Monte se disfruta caminando despacio. Entrando a sus museos, recorriendo sus minas, descubriendo la historia detrás de sus edificios y entendiendo cómo un pequeño grupo de ingenieros y mineros ingleses terminó dejando una huella que todavía puede sentirse casi dos siglos después.
Después de recorrer Huasca de Ocampo, Mineral del Chico y Real del Monte, terminé convencido de que la verdadera riqueza de la Comarca Minera no está únicamente en los minerales que durante siglos salieron de sus montañas, sino en las historias que aún permanecen entre sus calles, sus bosques y sus antiguas minas. Es uno de esos lugares donde siempre aparece un nuevo detalle que invita a regresar.
Y quizá esa sea la mejor definición de un Pueblo Mágico: un sitio al que uno siempre quiere volver.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.