Pocas historias de terror de la Ciudad de México han logrado confundirse tanto con la realidad como la de la Niña Caníbal del Metro Tacubaya. A diferencia de otras leyendas urbanas nacidas hace siglos, esta apareció en pleno siglo XXI, pero se propagó con tanta fuerza que miles de personas llegaron a creer que realmente había ocurrido.
Con el paso de los años, el relato comenzó a circular en redes sociales, canales de YouTube y podcasts dedicados al misterio. Cada nueva versión añadía un detalle diferente: algunos aseguraban que había ocurrido en los años setenta; otros afirmaban que existían expedientes policiales desaparecidos o testimonios de trabajadores del Metro. Poco a poco, la historia dejó de parecer una ficción y terminó convirtiéndose en una de las leyendas contemporáneas más conocidas del Sistema de Transporte Colectivo.
Todo comienza con una niña de apenas ocho años llamada Rosarito Sánchez Sierra.
Según la historia, una tarde viajaba junto a su madre por la estación Tacubaya de la Línea 1. En medio del tumulto característico de una de las estaciones con mayor afluencia del Metro, ambas se separaron. Rosarito desapareció entre la multitud y, por más que su madre, familiares y autoridades la buscaron durante días, nadie volvió a verla.
Mientras la ciudad pensaba que la pequeña había sido secuestrada, la realidad, según la leyenda, era mucho más aterradora.
Rosarito nunca abandonó el Metro.
Asustada y convencida de que la gente era responsable de haberla separado de su madre, decidió esconderse en los túneles para evitar que alguien la encontrara. Durante días sobrevivió alimentándose de agua filtrada, restos de comida y ratas que atrapaba entre las vías.
Pero el hambre terminó por cambiarla.
La historia cuenta que una noche encontró el cuerpo sin vida de un hombre en situación de calle que había logrado entrar a los túneles para dormir. Cuando vio a las ratas alimentándose del cadáver, el instinto de supervivencia terminó imponiéndose al miedo.
Aquella fue la primera vez.
Después vendrían otras.
Conforme pasaban las semanas comenzaron a aparecer cuerpos mutilados en distintos puntos cercanos a la estación Tacubaya. Los investigadores pensaban que se trataba del ataque de perros callejeros o de algún asesino que permanecía oculto en el sistema de túneles.
Jamás imaginaron que los pocos testigos hablarían de una niña.
Una niña que caminaba descalza entre las vías.
Una niña de cabello enmarañado que desaparecía en la oscuridad apenas escuchaba acercarse un tren.
Finalmente, la leyenda asegura que Rosarito fue encontrada semanas después mientras golpeaba con una piedra el cuerpo de un indigente fallecido.
Cuando los policías la rescataron, la pequeña habría confesado que solo intentaba sobrevivir.
Debido al profundo trauma psicológico que sufría, nunca fue enviada a prisión. En cambio, habría permanecido internada durante décadas en un hospital psiquiátrico, donde, según el relato, murió en 2010.
Sin embargo, la historia no termina ahí.
Porque algunxs trabajadorxs del Metro aseguran que, cuando los trenes dejan de circular durante la madrugada y los túneles quedan completamente en silencio, todavía es posible escuchar pequeños pasos corriendo entre las vías.
Otrxs dicen haber visto a una niña inmóvil al fondo de los túneles.
Nunca permanece mucho tiempo.
Solo observa.
Y desaparece cuando la luz del siguiente tren ilumina el pasillo.
Hay quienes incluso afirman que los perros de mantenimiento se niegan a entrar en ciertos tramos cercanos a Tacubaya, como si detectaran una presencia que nadie más puede ver.
Quizá por eso la historia sigue viva.
No porque alguien haya demostrado que Rosarito existió, sino porque el Metro de la Ciudad de México, con cientos de kilómetros de túneles ocultos bajo la capital, parece el escenario perfecto para que una historia como esta encuentre nuevos creyentes.
Lo más curioso es que nunca ocurrió.
La Niña Caníbal del Metro Tacubaya nació en 2016 como un relato de ficción publicado por Insolente Revista. Era una ucronía, es decir, una historia inventada construida como si se tratara de una nota periodística real. El texto se volvió viral y fue compartido miles de veces fuera de contexto hasta que muchas personas comenzaron a creer que Rosarito realmente había existido.
No existe ningún expediente oficial, reporte policial o registro histórico que confirme el caso.
Pero las leyendas no siempre necesitan ser verdaderas para sobrevivir.
Basta con que alguien, al esperar el último tren en Tacubaya, mire hacia la oscuridad del túnel y crea distinguir la silueta de una niña observándolo desde las sombras.
Porque, desde hace años, hay quienes aseguran que cuando las luces del convoy se apagan por un instante…
todavía puede verse a Rosarito caminando entre las vías.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.