Los aromas del mole y el mezcal, el sonido de las bandas filarmónicas, el color de los textiles y el paso festivo de las calendas transformaron al Complejo Cultural Los Pinos en un escaparate de la diversidad cultural de Oaxaca. Durante dos días, el festival Oaxaca en Los Pinos reúne a más de un centenar de portadoras y portadores de tradiciones para compartir con el público una muestra del patrimonio vivo de uno de los estados con mayor riqueza cultural de México.
La iniciativa forma parte del programa México en Los Pinos, un proyecto que busca acercar a los visitantes a las expresiones culturales de distintas regiones del país mediante encuentros gratuitos que combinan gastronomía, artes populares, música, danza y actividades comunitarias. Tan solo en 2026, este programa ha permitido que miles de personas conozcan el trabajo de artesanos, cocineras tradicionales, músicos y creadores provenientes de diversos estados.
En esta edición, Oaxaca llega a la capital con una representación de sus múltiples regiones y pueblos originarios. Más que una exhibición artesanal, el encuentro propone un recorrido por los saberes que se transmiten de generación en generación y que continúan dando identidad a las comunidades oaxaqueñas.
Uno de los espacios más concurridos es la Plaza Jacarandas, donde artesanas y artesanos presentan piezas elaboradas con técnicas tradicionales. Entre los trabajos expuestos destacan textiles del Istmo de Tehuantepec, huaraches, joyería de filigrana, barro negro, barro rojo y barro verde, tallas de madera, hojalata, accesorios tejidos en telar de cintura y figuras fantásticas inspiradas en la imaginación de los pueblos oaxaqueños.
La filigrana istmeña ocupa un lugar especial dentro de la muestra. Elaborada con delicados hilos de metal, esta técnica artesanal da forma a flores, animales, danzantes y otros símbolos que forman parte de la identidad cultural del Istmo de Tehuantepec. También sobresalen los textiles teñidos con añil, un pigmento natural cuya producción continúa siendo preservada por diversas comunidades del estado.
La gastronomía es otro de los grandes atractivos del festival. En las cocinas tradicionales y el espacio gastronómico de Cencalli, las y los visitantes pueden probar una amplia variedad de platillos representativos de distintas regiones de Oaxaca, entre ellos tlayudas, mole negro, coloradito, tamales, garnachas, molotes, empanadas istmeñas, tacos enmolados y pozole costeño.
La experiencia también permite conocer productos elaborados por pequeños productores, como café, quesos artesanales, mermeladas, tostadas tradicionales, salsas elaboradas con chapulines y una amplia selección de mezcales. Detrás de cada bebida y alimento hay historias sobre procesos comunitarios, técnicas heredadas y conocimientos que forman parte del patrimonio cultural de Oaxaca.
La programación artística acompaña el recorrido con presentaciones de bandas filarmónicas, agrupaciones tradicionales, danza contemporánea y música de raíz. Entre los participantes destacan la Banda de Música Donají, la Banda Femenil Mujeres de Viento Florido, la Orquesta Típica Internacional Los Tejones Née Bya, la soprano zapoteca Paris Alana Kimberly, la poeta Evelin Acosta y la Compañía de Danza de Oaxaca, quienes muestran la diversidad de expresiones escénicas que conviven en el estado.
Para quienes buscan una experiencia más participativa, el festival ofrece talleres donde es posible acercarse a distintas técnicas artesanales. Los asistentes pueden aprender sobre barro rojo de San Marcos Tlapazola, pintura tradicional, elaboración de alebrijes, talla en piedra inspirada en la iconografía prehispánica de Mitla, creación de flores inmortales y aplicaciones temporales con motivos mixtecos y zapotecos.
El recorrido también incluye una réplica de la Tumba 1 de San Pablo Villa de Mitla, uno de los conjuntos arqueológicos más representativos de Oaxaca, así como la exposición fotográfica Oaxaca Ceremonia Perpetua, del fotoperiodista Juan Carlos Reyes García, que documenta distintas celebraciones dedicadas a los muertos en diversas comunidades del estado y muestra la manera en que cada pueblo preserva sus rituales y formas de organización.
Más que un festival, Oaxaca en Los Pinos se convierte en un punto de encuentro entre las comunidades portadoras de tradición y el público de la Ciudad de México. Cada pieza artesanal, cada platillo, cada presentación musical y cada taller reflejan una parte del enorme mosaico cultural que distingue a Oaxaca y que continúa fortaleciéndose gracias al trabajo cotidiano de quienes mantienen vivas sus lenguas, oficios, expresiones artísticas y formas de vida.
Con actividades gratuitas para todas las edades, esta celebración ofrece una oportunidad para conocer de cerca algunas de las manifestaciones culturales más representativas del país y reconocer el papel que desempeñan las comunidades en la preservación del patrimonio vivo de México.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.