Bajo la tierra que hoy se transforma por nuevas obras, el pasado vuelve a respirar. Durante trabajos recientes de salvamento arqueológico, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia localizaron un altar prehispánico con ofrendas humanas en las inmediaciones de la Zona Arqueológica de Tula, uno de los centros más importantes de la cultura tolteca.
El hallazgo ocurrió mientras se realizaban excavaciones vinculadas al proyecto del Tren de Pasajeros México-Querétaro, un contexto donde la arqueología preventiva se vuelve clave para evitar que la historia quede sepultada bajo la modernidad. Lo que emergió no fue un simple vestigio: se trata de un momoztli, es decir, un altar ritual que podría aportar nuevas pistas sobre la organización urbana de la antigua Tollan.
De acuerdo con el arqueólogo Víctor Francisco Heredia Guillén, el altar mide cerca de un metro por lado y presenta una estructura de al menos tres cuerpos construidos con piedra careada. Su diseño, sin escalinatas y con una base sólida de materiales como andesita y basalto, sugiere una función ceremonial específica dentro de un espacio probablemente reservado para élites.
Pero es lo que rodea al altar lo que intensifica su relevancia. En tres de sus lados se localizaron restos óseos humanos, incluyendo cuatro cráneos y huesos largos, posiblemente fémures. Estos elementos, acompañados de piezas de cerámica, obsidiana y herramientas líticas, apuntan a prácticas rituales complejas, donde la ofrenda de partes del cuerpo formaba parte de un sistema simbólico aún en estudio.
El contexto arqueológico también sugiere que el altar no estaba aislado. Restos de muros cercanos indican que pudo haber estado en el centro de un patio, quizá dentro de un conjunto habitacional de alto rango. Esta hipótesis abre la puerta a replantear la traza urbana de Tula, revelando zonas que podrían haber funcionado como espacios residenciales de élite.
Uno de los aspectos más intrigantes del hallazgo es la posible evidencia de decapitación. Según los especialistas, en el periodo Posclásico estas prácticas se realizaban con herramientas de obsidiana o pedernal, dejando marcas visibles en los huesos. Los restos serán analizados en laboratorio para determinar edad, sexo y posibles causas de muerte, lo que permitirá entender mejor el contexto ritual.
Además del altar, se recuperaron diversos objetos de la vida cotidiana, como malacates, punzones de hueso y fragmentos cerámicos, que ayudarán a reconstruir no solo los rituales, sino también la vida diaria en esta antigua ciudad.
Este descubrimiento no solo amplía el conocimiento sobre la cultura tolteca, sino que también subraya la importancia de los trabajos de salvamento arqueológico en México. Cada capa removida revela una historia que sigue en construcción, donde el pasado no permanece estático, sino que dialoga constantemente con el presente.

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