Hay personajes que nunca terminan de irse. Simplemente cambian de formato. A veces aparecen en tiras cómicas amarillentas, otras en playeras, termos o stickers, y ahora también en cajas de pizza y vasos que cambian de color. Este año, Domino’s Pizza decidió convertir el Día del Niño en una pequeña cápsula de nostalgia pop con el regreso de Peanuts, el universo creado por Charles M. Schulz que lleva más de siete décadas acompañando generaciones enteras.
La colaboración estará disponible hasta el 3 de mayo e incluye dos combos especiales con vasos botaneros edición limitada inspirados en los personajes de Peanuts. Los vasos, además de coleccionables, cambian de color, sumándose a esa extraña tradición contemporánea donde la comida rápida también funciona como fábrica de objetos de culto instantáneo.
Uno de los paquetes disponibles es el combo individual Mi Domino’s, que incluye pizza de un ingrediente en masa original, Baitz, Papotas y uno de los vasos de Peanuts. También habrá un combo de adicionales con Papotas, refresco y vaso coleccionable. Las cajas de pizza, además, contarán con diseños especiales de edición limitada protagonizados por Snoopy y compañía.
Más allá de la promoción, la colaboración parece tocar algo muy específico dentro de la cultura visual contemporánea: la nostalgia convertida en experiencia. Peanuts ocupa un lugar curioso dentro del imaginario colectivo. Aunque nació en los años cincuenta, sus personajes siguen apareciendo constantemente en colaboraciones de moda, diseño y consumo cotidiano, funcionando casi como símbolos universales de ternura melancólica.
Snoopy, Charlie Brown y el resto de la pandilla poseen esa capacidad rara de conectar con públicos completamente distintos. Para algunos representan recuerdos de infancia; para otros, una estética vintage que continúa circulando entre generaciones más jóvenes a través de internet, ropa y objetos coleccionables.
Como parte de la campaña, Domino’s también abrirá una tienda insignia tematizada en la sucursal Domino’s Plutarco. El espacio contará con ambientación especial inspirada en Peanuts para transformar la experiencia de compra en algo más cercano a una instalación pop temporal que a una simple visita por pizza.
En los últimos años, este tipo de colaboraciones entre marcas de comida y franquicias culturales se han convertido en una forma de construir experiencias alrededor del consumo. Ya no basta con vender alimentos: ahora también se venden recuerdos, referencias compartidas y pequeñas dosis de identidad generacional envueltas en cartón y plástico coleccionable.
Y quizá ahí está la clave del éxito de Peanuts después de 75 años. En un mundo saturado de personajes hiperactivos y universos cinematográficos interminables, Snoopy todavía conserva algo simple y reconocible: la capacidad de recordarle a la gente una versión más ligera de sí misma.

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