Miles de personas recorren todos los días la avenida Doctor José María Vértiz sin detenerse demasiado a pensar quién fue el personaje detrás de ese nombre que atraviesa buena parte de la Ciudad de México. La vialidad, una de las más importantes del centro y sur de la capital, inicia en División del Norte, a unos pasos del Parque de los Venados, en la colonia Portales Norte, y avanza hacia el norte cruzando colonias como Del Valle, Narvarte y Doctores hasta llegar a Arcos de Belén, donde cambia de nombre y se convierte en Luis Moya rumbo al Centro Histórico.
A lo largo de su trayecto, Doctor Vértiz funciona como una especie de costura urbana que une distintas épocas de la ciudad. Sobre ella conviven edificios funcionalistas, mercados tradicionales, talleres mecánicos, cafés de barrio, hospitales, taquerías, árboles maduros y departamentos contemporáneos. Es una avenida que retrata buena parte de la transformación de la capital durante el siglo XX.
Pero detrás de ese nombre cotidiano existe una figura fundamental para la historia de la medicina mexicana.
El médico que revolucionó la oftalmología en México
José María Vértiz nació en la Ciudad de México en 1812, en el seno de una familia reconocida de la capital novohispana. Desde joven mostró interés por el estudio y viajó a Querétaro para formarse en gramática y filosofía antes de regresar a la capital e ingresar, en 1831, tanto a la Facultad de Medicina como al Colegio de Cirugía, cursando ambas carreras de manera simultánea.
Su trayectoria académica fue brillante desde el inicio. Primero obtuvo el título de profesor en cirugía y después el de médico en el entonces Establecimiento de Ciencias Médicas, institución que sustituyó a la antigua Facultad de Medicina de la Real y Pontificia Universidad de México.
Años más tarde viajó a Francia para especializarse en oftalmología, una disciplina todavía poco desarrollada en México durante el siglo XIX. En Europa estudió con algunos de los médicos más importantes de la época y, al regresar, se convirtió en pionero de varios tratamientos y procedimientos quirúrgicos en el país.
Entre sus principales aportaciones destaca la realización de más de cien operaciones de cataratas, además de introducir en México el tratamiento de abscesos hepáticos mediante canalización continua con tubos metálicos, técnica innovadora para su tiempo. También dirigió instituciones médicas fundamentales como el Hospital de Jesús y trabajó en el Hospital de San Andrés y el Hospital de Pobres.
En 1868 asumió la dirección de la Escuela de Medicina y fue uno de los socios fundadores de la Academia Nacional de Medicina de México, institución clave en el desarrollo científico nacional.
Una avenida que recorre distintas capas de la ciudad
La avenida que lleva su nombre terminó convirtiéndose en una de las arterias más reconocibles de la capital. Su trayecto atraviesa algunas de las colonias más emblemáticas de la ciudad y permite leer distintas etapas de crecimiento urbano.
En la Narvarte, por ejemplo, Doctor Vértiz cruza calles con nombres de zonas arqueológicas prehispánicas como Xochicalco, Tajín o Mitla, mientras se rodea de edificios art decó, casas colonial californiano y viejos negocios familiares que sobreviven entre cafeterías y desarrollos inmobiliarios recientes.
Más al norte, la avenida se adentra en la colonia Doctores, un barrio históricamente vinculado con hospitales, consultorios y escuelas de medicina, donde el nombre de José María Vértiz parece encontrar todavía más sentido. Finalmente, al acercarse a Arcos de Belén y al Centro Histórico, la vialidad entra en una zona donde conviven el pasado virreinal y el caos contemporáneo de la ciudad.
Doctor Vértiz no es únicamente una avenida funcional. También es un corredor de memoria urbana que conecta la historia médica del país con la vida cotidiana de millones de capitalinxs.
El legado de José María Vértiz en la CDMX
Aunque no dejó una extensa obra escrita, José María Vértiz ocupa un lugar importante en la historia de la medicina mexicana por su trabajo quirúrgico, docente y hospitalario. Su legado permaneció también a través de sus hijos Ricardo y Joaquín Vértiz, quienes continuaron la tradición médica familiar.
Hoy, su nombre forma parte del mapa emocional de la Ciudad de México. Está en anuncios de negocios, estaciones de transporte, direcciones postales y conversaciones diarias. Una avenida recorrida por generaciones enteras que, sin saberlo, mantiene viva la memoria de uno de los médicos más importantes del siglo XIX mexicano.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.