A menos de 100 días de que arranque la Copa Mundial de la FIFA 2026, la conversación no solo gira en torno a estadios y selecciones. También se cuela en los objetos cotidianos, en el diseño y en esas piezas que terminan convirtiéndose en recuerdos de época. En ese cruce entre cultura popular, identidad y consumo, el Mundial comienza a tomar forma mucho antes del silbatazo inicial.
México se prepara para hacer historia como el primer país en albergar tres veces el torneo, y esa narrativa ha comenzado a filtrarse en distintas industrias. Una de ellas es la del diseño de bebidas, donde la estética se convierte en una forma de narrar el entusiasmo colectivo. En este contexto, Diageo presenta una serie de botellas de edición limitada que reinterpretan algunos de sus sellos más reconocibles a partir del imaginario futbolero y la memoria cultural mexicana.
Lejos de modificar el contenido, la apuesta está en el exterior. Se trata de etiquetas que conservan su calidad original, pero transforman sus envases en piezas que dialogan con la historia del fútbol en el país y con la forma en que la afición lo vive.
Entre las propuestas más llamativas está la de Don Julio, cuya edición Don Julio 70 despliega tres momentos clave en su diseño: el Mundial de 1970, recordado por ser el primero transmitido a color; la justa de 1986 celebrada en territorio mexicano; y el surgimiento de la famosa “ola”, esa coreografía colectiva nacida en las gradas que hoy es parte del lenguaje global del fútbol. A esto se suma Don Julio 1942 con una versión de estética dorada que evoca la ambición de levantar el trofeo.
Por su parte, Buchanan’s apuesta por una narrativa más urbana con “One Ball, One Dream”, una colaboración con el colectivo Kids of Immigrants que traslada la energía de las calles a una botella inspirada en la comunidad latina. Su versión Green Seal mantiene el verde esmeralda característico, ahora con guiños al balón que dominará la temporada.
En el caso de Johnnie Walker, el cambio es sutil pero simbólico. Su icónico Striding Man modifica su postura por primera vez en más de un siglo, capturado en un salto que parece congelar el instante previo al gol o a la celebración. La botella, además, incorpora un efecto luminoso que aparece en la oscuridad, reforzando su carácter de objeto coleccionable.
La propuesta de Smirnoff se inclina hacia lo identitario. Su edición inspirada en México retoma los colores de la bandera para convertir la botella en una declaración de orgullo nacional. A la par, una versión especial vinculada a la estética del torneo suma otra capa visual donde el deporte y el diseño convergen.
Más allá del lanzamiento comercial, estas ediciones funcionan como cápsulas culturales que condensan el momento que vive el país. En ellas conviven historia, estética y una forma particular de entender el fútbol que en México se expresa tanto en la cancha como en la mesa, en la calle o en cualquier reunión.
Disponibles en todo el país a partir de abril, estas botellas no solo acompañan la cuenta regresiva rumbo al Mundial, sino que también capturan una emoción colectiva que, como el mejor de los goles, busca quedarse en la memoria.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.