A simple vista, la Facultad de Química de Ciudad Universitaria parece un lugar común.

Durante el día, sus pasillos están llenos de estudiantes que buscan conocimiento, investigadorxs revisando artículos científicos en la biblioteca y profesorxs consultando textos especializados. Es un espacio dedicado al conocimiento, donde las respuestas parecen encontrarse entre fórmulas, ecuaciones y años de investigación.

Sin embargo, hay un fenómeno que ningún libro ha logrado explicar.

Una aparición que lleva décadas desconcertando a quienes han tenido la mala suerte de encontrarla. La conocen simplemente como El Objeto Blanco.

Nadie sabe cuándo fue visto por primera vez.

Algunxs trabajadorxs aseguran que los reportes comenzaron a circular desde finales de los años setenta. Otrxs afirman que las historias son incluso más antiguas, transmitidas entre vigilantes nocturnos.

Lo extraño es que todos los testimonios coinciden.

Poco después de la medianoche, cuando el edificio queda prácticamente vacío y el silencio domina cada rincón, algo aparece en los pasillos.

No es una persona. No es un animal. Ni siquiera parece una máquina.

Se trata de una forma ovalada, perfectamente lisa, completamente blanca.

Sin marcas. Sin texturas. Sin uniones visibles. Sin ninguna característica que permita identificar su origen.

Simplemente está ahí.

Flotando.

A unos centímetros del suelo.

Inmóvil.

Como si hubiera aparecido de la nada.

Lxos primerxs testigxs pensaron que se trataba de una ilusión provocada por el cansancio. Después de todo, la facultad es un lugar donde muchas personas pasan noches enteras estudiando.

Pero el fenómeno comenzó a repetirse.

Un vigilante lo observó en el tercer piso.

Una bibliotecaria lo vio flotando entre los estantes de publicaciones científicas.

Un estudiante aseguró haberlo encontrado suspendido al final de un pasillo mientras preparaba su examen profesional.

Todos describieron exactamente lo mismo.

Una figura blanca imposible.

Silenciosa. Perfecta. Ajena a todo lo que la rodea.

Lo más inquietante ocurre cuando alguien intenta acercarse.

A primera vista parece sencillo.

El objeto permanece inmóvil durante varios segundos.

Sin embargo, en el momento en que una persona da el primer paso hacia él, la distancia comienza a cambiar.

No porque el testigo se desoriente.

No porque la iluminación engañe a la vista.

Sino porque el objeto empieza a alejarse.

Lentamente.

Con suavidad.

Como si deslizara sobre una superficie invisible.

Y mientras más rápido avanza quien lo persigue, más se aleja la extraña aparición.

Sin emitir sonido alguno.

Sin alterar el aire.

Como si rechazara cualquier contacto humano.

Algunxs testigxs afirman haber recorrido decenas de metros tratando de alcanzarlo.

Otrxs aseguran que lo siguieron por varios corredores antes de perderlo de vista.

Pero nadie ha logrado acercarse lo suficiente para tocarlo.

Ni siquiera para observarlo de cerca.

Siempre permanece fuera de alcance.

Como si existiera una distancia prohibida entre él y cualquier ser humano.

Y entonces sucede lo inevitable.

Desaparece.

Sin destello.

Sin ruido.

Sin dejar rastro.

Un instante está ahí.

Al siguiente, el espacio queda vacío.

Como si jamás hubiera existido.

Con el paso de los años han surgido innumerables teorías.

Los más racionales hablan de reflejos, ilusiones ópticas o fenómenos relacionados con la arquitectura del edificio.

Otrxs creen que se trata de algún tipo de energía desconocida generada por los laboratorios y equipos científicos de la facultad.

Pero las teorías más inquietantes apuntan en otra dirección.

Hay quienes aseguran que el objeto no pertenece a este mundo.

Que no es una aparición sobrenatural en el sentido tradicional.

Que no es un fantasma.

Sino algo mucho más extraño.

Algo que aparece accidentalmente en nuestra realidad durante unos minutos antes de volver al lugar del que proviene.

Una especie de visitante silencioso que observa los pasillos de la facultad sin comprender del todo lo que encuentra.

Quizá por eso evita el contacto.

Quizá por eso nunca se deja alcanzar.

O quizá porque sabe algo que nosotros no.

Lo cierto es que, hasta hoy, nadie ha podido explicar qué es el Objeto Blanco.

Y cuando la medianoche cae sobre la Facultad de Química, todavía hay quienes recorren los pasillos con la esperanza de verlo aparecer.

Aunque la mayoría termina arrepintiéndose.

Porque después de observarlo una vez, muchos aseguran que comienzan a notar algo inquietante.

La sensación de que, en algún lugar fuera de su vista, el Objeto Blanco también lxs está observando a ellxs.