Llevaba unas semanas con el estrés a tope. Necesitaba un escape del trabajo y la cotidianidad o iba a explotar. Así que, junto a mi pareja, me puse a buscar algún destino donde pudiéramos disfrutar de un fin de semana diferente, sin preocupaciones y que no estuviera lejos de la CDMX. Buscamos y buscamos hasta encontrarnos con Hacienda Santo Cristo, un hotel boutique pensado justamente para olvidarse del mundo y volver a disfrutar de la vida con calma. Reservamos una habitación y nos lanzamos a Atlixco, Puebla.

Salimos temprano para evitar el tráfico rumbo a la salida a Puebla. Nos detuvimos por un café y un desayuno en carretera y, unas dos horas después, llegamos a lo que fuera la hacienda agrícola más grande de la región, fundada en 1532. Desde el primer momento, la experiencia empezó a construir su propio ritmo: nos recibieron con un aroma a pan recién horneado y una copa de vino espumoso, un brut rosado de Ceniza, elaborado en el mismo Valle de Atlixco. En recepción, además, nos mostraron una caja con tres esencias —mandarina, té blanco y una mezcla de rooibos con canela— para aromatizar la habitación. Elegimos el té blanco. Después, nos entregaron un mapa del hotel y nos acompañaron hasta nuestra habitación.

Las habitaciones de Hacienda Santo Cristo

Antes de hablarte de nuestra habitación, vale la pena entender cómo está dividido el hotel. Hacienda Santo Cristo cuenta con dos grandes secciones. La primera es el casco histórico, construido en el siglo XVI y restaurado recientemente, donde se encuentran ocho habitaciones que conservan la arquitectura original y ese aire colonial que parece susurrar historias en cada muro. La segunda es la sección moderna del hotel, con 16 habitaciones que combinan lo rústico con lo contemporáneo, creando una atmósfera cálida y elegante.

Nos hospedamos en la Master Suite, dentro de la sección moderna, y fue un verdadero refugio. Más que una habitación, es un pequeño santuario: cama amplia y cómoda, tina moderna, doble lavabo y un balcón enorme con vista a la alberca, perfecto para dejar pasar el tiempo sin prisa. Aunque esta fue nuestra elección, el hotel ofrece distintas opciones según lo que busques:

  • Estándar Hacienda: en planta baja del casco, con cama queen size.
  • Suite Hacienda: ubicada en el casco, con cama king size.
  • Suite Doble Hacienda: ideal para viajes en grupo o familia pues cuenta con dos camas queen size.
  • Suite: La más sencilla con una cama King Size y terraza.
  • Suite Doble: como la suite, pero con dos camas.
  • Estándar Adaptada: se encuentra en planta baja y es accesible a silla de ruedas y personas con movilidad reducida.
  • Suite con Tina: Es como la site, pero incluye una tina moderna para dos personas, así como sales y bomba de baño.
  • Bungalow: Una habitación privada por completo, con terraza privada y tina al aire libre.
  • Master Suite: En la planta alta, con tina interior y terraza. También incluye sales y bomba de baño.
  • Y también están las suites más exclusivas de todo el lugar, la Suite San Miguel, la San Rafael y la Santo Cristo.

Las amenidades de Hacienda Santo Cristo

Aunque la habitación tenía todo para no salir en todo el fin de semana, lo cierto es que Hacienda Santo Cristo despliega una serie de amenidades que invitan a explorar el lugar sin prisas. El concepto central del hotel gira en torno al wellness, y eso se traduce en espacios y actividades diseñadas para desconectar.

Uno de los rincones más interesantes es el laberinto medieval, una estructura en el jardín inspirada en antiguos centros de meditación. Aquí se realizan clases de yoga, meditaciones guiadas y sesiones con cuencos tibetanos que parecen afinar el ánimo como si fuera un instrumento olvidado.

Para quienes buscan una relajación más profunda, el hotel cuenta con un spa completo, temazcal y dos albercas climatizadas con jacuzzi. También hay gimnasio equipado, para quienes no quieren soltar del todo su rutina.

Más allá del bienestar, la experiencia se completa con tres espacios gastronómicos: La Troje, Madre Tierra y Abasto. Cada uno con su propio estilo, pero todos con una misma intención: hacer del comer un momento memorable.

Agua Viva Spa

Nuestra misión era clara: relajarnos. Así que nuestra primera parada fue Agua Viva Spa, donde revisamos el menú de tratamientos y reservamos un masaje. La oferta es amplia: masajes holísticos, de tejido profundo, prenatales, con piedras calientes y aromaterapia, además de faciales, presoterapia y otros tratamientos de cuidado personal.

Elegimos un masaje holístico en pareja. Desde la llegada, la atención fue cálida y cuidada. Pasamos a los vestidores —que pueden compartirse si vas en pareja y hay disponibilidad— y luego a una sala de espera con una pequeña cascada cuyo sonido envolvía el espacio. Había tés, agua, clorofila y botanas ligeras para acompañar la espera.

El masaje fue una pausa total. Una hora en la que el cuerpo deja de resistirse y simplemente se rinde. Al terminar, tuvimos acceso a las áreas húmedas: vapor, regadera y jacuzzi. Todo está pensado al detalle, incluso los vestidores, que cuentan con amenidades completas para arreglarte sin prisas.

Un punto importante: Agua Viva Spa está abierto al público en general, así que puedes reservar un masaje o temazcal incluso sin hospedarte. Muchas experiencias incluyen acceso a las albercas, lo que convierte la visita en un pequeño retiro dentro de Atlixco.

Los restaurantes de Hacienda Santo Cristo

La propuesta gastronómica del hotel se divide en tres espacios, cada uno con una personalidad definida. Lo mejor es que todos están abiertos al público, así que incluso si no te hospedas, puedes visitarlos.

Abasto Santo Cristo

Ubicado a unos pasos de la recepción, Abasto es una cafetería gourmet ideal para comenzar el día. Aquí puedes encontrar café de distintos granos, panadería artesanal —croissants, chocolatines, conchas, roles— y algunos productos para llevar como vinos y moles.

En mi caso, el ritual se volvió inevitable: doble cortado y pan cada mañana.

Restaurante Madre Tierra

Frente a la alberca se encuentra Madre Tierra, un espacio moderno con una propuesta contemporánea liderada por el chef Christopher Mendoza, con trayectoria en México y España. La carta toma inspiración de distintas cocinas del mundo, pero aterriza en platillos frescos y bien equilibrados.

Probamos un Kumato, un ceviche de jitomate con aguachile de cilantro, alcaparras y almendra que resultó sorprendente. También unas tostadas de atún con frutas, y una sopa de tortilla servida al momento en la mesa. Como platos fuertes, elegimos tacos de arrachera y un salmón a la plancha con tahini, piñones y chiles toreados.

Para beber, una cerveza de la casa —ligera y aromática— y una limonada Santo Cristo, refrescante y bien lograda. El cierre fue un postre llamado Memorias, una paleta helada de matcha con chocolate y pistache.

La Troje

La Troje es, literalmente, historia viva. Antiguamente fue el granero más grande de la región y hoy es un restaurante que conserva su estructura original, con muros altos y una atmósfera que mezcla lo colonial con lo íntimo.

Fuimos un viernes por la noche y coincidimos con la Noche de Velas, un evento en el que el espacio se ilumina únicamente con velas mientras un cantante de trova acompaña la velada. La experiencia se siente suspendida en el tiempo.

Hay una promoción que incluye vino ilimitado y tabla de quesos a un precio bastante accesible, lo que convierte la cena en una experiencia completa. También probamos pasta, aunque la carta incluye opciones mexicanas y españolas.

Al día siguiente regresamos para desayunar. Pedimos enchiladas con salsa borracha y unos huevos benedictinos sobre pan de masa madre con salsa holandesa. Todo acompañado, claro, por pan de Abasto.

Bodas y eventos en Hacienda Santo Cristo

Además de ser un destino ideal para escapadas de fin de semana, Hacienda Santo Cristo también funciona como sede para eventos. Cuenta con una gran carpa para bodas, cocina equipada para banquetes, espacios al aire libre para reuniones más íntimas y una cava perfecta para cenas privadas o eventos corporativos.

Cada rincón parece diseñado para celebrar algo, ya sea una boda, un aniversario o simplemente el acto de detener el tiempo por un momento.

Lo que hace especial a Hacienda Santo Cristo no es solo su historia o sus instalaciones, sino la forma en la que logra cambiar el ritmo interno de quien la visita. Es un lugar donde el reloj deja de ser protagonista y donde cada experiencia, desde el aroma del pan hasta el silencio del spa, construye una pausa necesaria.

Si estás buscando un hotel boutique cerca de la CDMX para una escapada de fin de semana, Atlixco y Hacienda Santo Cristo aparecen como una combinación difícil de ignorar. Un destino donde el descanso no es un lujo, sino el punto de partida.

Prepara tu Visita
Dirección:
 Av. San Fernando #64, Manantial Peña Pobre, Tlalpan. Locales 25 y 26 de Plaza Cuicuilco. Ciudad de México, CDMX
Página Web: haciendasantocristo.mx
Facebook: facebook.com/HaciendaSantoCristo
Instagram: instagram.com/santocristomx