Hay trayectorias que no solo se escuchan, también se celebran. El pianista Jorge Federico Osorio regresa al escenario con el que ha tejido una relación de décadas para conmemorar sus 75 años acompañado por la Orquesta Sinfónica Nacional, en un programa que cruza épocas, estilos y pulsos musicales.

El concierto, que forma parte de la Primera Temporada 2026, tendrá lugar en la Sala Principal del Palacio de Bellas Artes bajo la dirección de Ludwig Carrasco. Más que una gala conmemorativa, la velada se plantea como un recorrido sonoro que va del romanticismo a la modernidad, con una parada significativa en la recuperación de voces históricamente invisibilizadas.

Uno de los momentos más relevantes será el estreno en México de Scherzo, de Agathe Backer-Grøndahl, figura clave de la música escandinava del siglo XIX. Su inclusión no es casual: se trata de una obra que aporta frescura, dinamismo y una mirada distinta dentro del repertorio sinfónico, al tiempo que amplía el mapa de compositoras presentes en las salas de concierto.

La noche continúa con una de las piezas más imponentes del repertorio pianístico, el Concierto para piano núm. 5 Emperador de Ludwig van Beethoven, interpretado por Osorio como solista. Esta obra, monumental en forma y emoción, funciona casi como una conversación entre el piano y la orquesta, donde cada intervención es una declaración de fuerza y sensibilidad.

Después del intermedio, el programa da un giro hacia el siglo XX con La consagración de la primavera de Igor Stravinsky, una partitura que sigue desafiando tanto a músicos como a audiencias. Con su energía rítmica arrolladora y su carácter casi ritual, la obra rompe con cualquier idea complaciente de la música orquestal y se convierte en una experiencia física, casi visceral.

Las funciones se realizarán el 27 de marzo a las 20 horas y el 29 de marzo a las 12:15 horas. Los boletos están disponibles en taquillas y plataformas digitales, con opciones accesibles para distintos públicos.

Celebrar a Jorge Federico Osorio en este contexto no es solo reconocer su virtuosismo, sino también su papel como puente entre generaciones y tradiciones musicales. En el escenario, su piano no solo interpreta partituras: cuenta una historia que sigue en expansión.