¿Qué pasa cuando el dolor amoroso deja de ser solo un sentimiento y se convierte en sonido, movimiento y memoria? Esa es una de las preguntas que atraviesa Odio que los abrazos no duren más de cuatro horas, la nueva puesta en escena de la compañía Teatro Ciego MX, que llegará del 28 de mayo al 5 de julio al Teatro del Bosque Julio Castillo, dentro del Centro Cultural del Bosque.

Escrita por Itzel Lara y dirigida por Juan Carlos Saavedra, la obra mezcla teatro, música, danza y exploración sonora para construir una experiencia escénica que gira alrededor del desamor, la pérdida y la soledad cotidiana. Inspirada en el libro La separación de los amantes, de Igor Caruso, la puesta en escena utiliza el sonido como principal herramienta dramática y sensorial, creando un montaje donde las voces, los cuerpos y la música funcionan como una especie de mapa emocional.

La historia no sigue una sola línea narrativa. En cambio, presenta distintos personajes que comparten una misma herida emocional. Está la mujer que encuentra refugio en la Navidad y en cocinar huevos de todas las formas posibles; el hombre obsesionado con coleccionar botellas de Coca-Cola mientras trabaja como operador telefónico; un ermitaño que busca la iluminación espiritual sobreviviendo a base de tamales; o una alpinista que memoriza datos sobre dulces alemanes mientras intenta lidiar con el abandono. Personajes extraños, profundamente humanos y atravesados por una tristeza que parece repetirse todos los días.

Más que contar historias convencionales, Odio que los abrazos no duren más de cuatro horas construye pequeños microuniversos emocionales donde la música y las acciones escénicas terminan siendo tan importantes como las palabras. Percusiones, flamenco, canciones antiguas, jingles y paisajes sonoros acompañan las emociones de los personajes y ayudan a conectar las distintas escenas. Incluso la ecolocalización y el diseño sonoro funcionan como herramientas para construir el espacio escénico.

Uno de los aspectos más interesantes de esta producción es que se trata de una obra creada por Teatro Ciego MX, compañía conformada principalmente por artistas con discapacidad visual o visión reducida, que desde hace casi dos décadas ha impulsado proyectos escénicos accesibles e incluyentes en México y Latinoamérica. Lejos de convertir la discapacidad en un límite, la agrupación la transforma en una herramienta creativa que redefine la forma de experimentar el teatro.

La accesibilidad también forma parte central de esta puesta en escena. La obra cuenta con audiodescripción para personas con discapacidad visual, interpretación en Lengua de Señas Mexicana (LSM) para la comunidad sorda y espacios destinados a personas usuarias de silla de ruedas. Además, durante temporadas anteriores se impulsaron mejoras en plataformas digitales de venta de boletos para facilitar el acceso a públicos con distintas discapacidades.

El elenco está conformado por David Estrada, Luz Adriana Carrasco, Marco Antonio Martínez, Erika Bernal, Jesús Rodríguez y Cristian Arias. También participan las y los integrantes del ensamble coral Irma Aguilera, Isabel Contreras, Roberto Kilder, Mónica Crisóstomo Moctezuma, Sandra Ramos Badillo, Gabriela y Uriel Osorio. A ellos se suman los músicos en escena Óscar Guzmán y Esaú Montes, así como Maricarmen Graue y Saúl Mendoza Muñoz en los violonchelos.

La puesta en escena cuenta con dirección musical de Griselda Ashari Martínez, escenografía de Tenzing Ortega, iluminación de Pedro Pazarán y vestuario de Mario Marín del Río y José Manuel Majul. Todo esto termina construyendo una experiencia escénica que apuesta menos por el realismo y más por la creación de atmósferas emocionales.

Odio que los abrazos no duren más de cuatro horas se presentará del 28 de mayo al 5 de julio en el Teatro del Bosque Julio Castillo, del Centro Cultural del Bosque, con funciones jueves y viernes a las 20:00 horas, sábados a las 19:00 y domingos a las 18:00 horas. La obra está dirigida a público mayor de 15 años, tiene una duración aproximada de 90 minutos y los boletos tienen un costo de 250 pesos.

Más allá de hablar sobre el desamor, esta obra termina convirtiéndose en una reflexión sobre la forma en la que habitamos nuestras pérdidas y sobre cómo el arte puede ayudarnos a transformar el dolor en algo compartido. Una experiencia sensorial y profundamente humana que confirma que el teatro también puede ser un espacio de empatía, inclusión y escucha.