El deporte suele venderse como territorio neutral, un espacio donde solo importan los récords, los goles y las medallas. Pero detrás de esa narrativa luminosa también existen zonas de sombra. La exposición Sportswashing. Las celebraciones deportivas como campañas de blanqueamiento político, presentada en el Centro Cultural Universitario Tlatelolco, se adentra precisamente en ese terreno incómodo donde el espectáculo y la propaganda se entrelazan.
Curada por Roberto Barajas, la muestra propone una lectura crítica de eventos como los Mundiales de futbol y los Juegos Olímpicos, no solo como celebraciones globales, sino como herramientas utilizadas por gobiernos y organizaciones para mejorar su imagen internacional. A través de fotografías, documentos, obra artística y material audiovisual, la exposición desmonta la idea de que el deporte siempre ocurre al margen de la política.
El concepto de sportswashing funciona como hilo conductor. Se trata de una estrategia en la que grandes inversiones en eventos deportivos buscan generar aceptación pública y proyectar una imagen de apertura, incluso cuando las realidades sociales o políticas de los países anfitriones cuentan otra historia. Es, en cierto sentido, un maquillaje a gran escala donde el espectáculo actúa como distracción.
La narrativa museográfica se organiza en cuatro núcleos que permiten seguir ese rastro a lo largo del tiempo. Desde el uso del deporte como mecanismo de control social hasta los conflictos, censuras y protestas que han acompañado estos eventos, la exposición revela cómo el entretenimiento puede convertirse en una herramienta de legitimación política.
Entre los materiales exhibidos destacan piezas del propio acervo del recinto, así como documentos de otras instituciones que amplían la mirada. Fotografías vinculadas a los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936 —uno de los ejemplos más emblemáticos del uso propagandístico del deporte— dialogan con carteles de México 68, registros del Mundial de 1970 y archivos sobre la Copa Femenil de 1971, un episodio que, pese a su relevancia, quedó fuera del reconocimiento oficial.
También participan artistas contemporáneos como Erick Meyenberg, Attilio Tuis y la argentina Adriana Bustos, cuyas obras tensionan la relación entre imagen, poder y narrativa histórica. A ello se suma material hemerográfico que documenta conflictos, crisis y episodios de violencia que, en muchos casos, quedaron eclipsados por la euforia deportiva.
Como extensión de la exposición, se llevará a cabo un programa académico con mesas de discusión que abordarán temas como el control social a través del entretenimiento, las polémicas decisiones de la FIFA, las omisiones en la historia del futbol femenil y las estrategias de ocultamiento de problemáticas sociales durante estos eventos.
Disponible hasta el 2 de agosto en la Sala Contemporánea, la muestra no busca arruinar la emoción del deporte, sino complejizarla. Invita a mirar más allá del marcador, a preguntarse qué historias quedan fuera del encuadre y qué discursos se construyen mientras el mundo entero observa un estadio iluminado.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.