México es un país donde la magia parece habitar en cada rincón. La riqueza cultural que distingue a sus comunidades y la extraordinaria diversidad natural que se extiende desde desiertos y montañas hasta selvas y costas han convertido al país en un mosaico de experiencias únicas. Viajar por México es descubrir lugares donde el tiempo parece avanzar a otro ritmo y donde las tradiciones, la gastronomía y el patrimonio siguen formando parte de la vida cotidiana.
Esa magia se refleja en miles de pueblos repartidos por todo el territorio nacional. Sin embargo, algunos han logrado destacar por la belleza de sus paisajes, su historia y la riqueza de sus tradiciones, al grado de recibir el nombramiento de Pueblo Mágico. Y entre los más de 170 Pueblos Mágicos que existen en México, hay uno que ocupa un lugar especial: Huasca de Ocampo, el primero en recibir esta distinción. Pero… ¿qué hace tan especial a este rincón de Hidalgo?
Un poco de historia de Huasca de Ocampo
La historia moderna de Huasca comienza en el siglo XVIII, cuando Pedro Romero de Terreros, primer Conde de Regla, decidió establecer una serie de haciendas de beneficio para procesar la plata extraída de las minas de Real del Monte. Así nacieron Santa María Regla, San Miguel Regla, San Antonio Regla y San Francisco Javier Regla.
Si te preguntas por qué casi todas llevan “Regla” en su nombre, la respuesta es sencilla: era el título nobiliario de Pedro Romero de Terreros, uno de los empresarios mineros más importantes de la Nueva España.
El éxito de sus minas fue tan grande que llegó a convertirse en uno de los hombres más ricos de su época. Además de impulsar el desarrollo económico de la región, también fue un importante filántropo. Entre sus obras más recordadas se encuentra la fundación del Monte de Piedad, institución que continúa existiendo hasta nuestros días.
Durante décadas, Huasca prosperó gracias a la actividad minera. Sin embargo, tras la muerte del Conde, las haciendas comenzaron a deteriorarse debido a una mala administración. Más tarde llegó la Guerra de Independencia y, con ella, el abandono de gran parte de estas construcciones.
Años después arribaron los mineros ingleses para reactivar las minas de la Comarca Minera, principalmente en Real del Monte y Mineral del Chico. Las haciendas fueron aprovechadas por los mineros, pero poco a poco dejaron de ser indispensables para la industria minera y comenzaron un proceso de transformación que, con el paso del tiempo, las convertiría en algunos de los atractivos turísticos más importantes de Hidalgo.
¿Qué hacer en Huasca de Ocampo?
Prismas Basálticos
Si existe un lugar que identifica inmediatamente a Huasca de Ocampo, son los Prismas Basálticos.
Estas impresionantes columnas de roca volcánica se formaron hace millones de años cuando antiguos flujos de lava comenzaron a enfriarse lentamente, dando origen a enormes prismas de formas casi perfectamente geométricas. Aunque este fenómeno geológico puede encontrarse en distintos lugares del mundo, los de Huasca destacan por su tamaño y por la espectacular cascada que cae sobre ellos, convirtiéndolos en uno de los paisajes naturales más fotografiados de México.



Hoy los prismas forman parte de un centro turístico donde, además de recorrer los miradores y senderos, puedes visitar un pequeño museo dedicado al Geoparque Comarca Minera, declarado por la UNESCO, lanzarte de la tirolesa, disfrutar de las albercas, recorrer el puente colgante, comprar artesanías o incluso hospedarte en las cabañas del complejo.



Las tres haciendas de Huasca
Como ya te conté, alrededor de Huasca se construyeron cuatro grandes haciendas mineras, aunque actualmente solo sobreviven tres. Cada una ofrece una experiencia completamente distinta y vale la pena dedicarles varias horas de recorrido.
San Antonio Regla
San Antonio Regla fue una de las haciendas de beneficio más importantes de la región. Aquí se procesaba buena parte de la plata proveniente de las minas de Real del Monte.
Con el paso de los años, la propiedad cambió de dueños hasta que fue adquirida por la United States Smelting Refining and Mining Company, empresa que buscó modernizar la minería en la región mediante el uso de energía eléctrica.
Para abastecer esa demanda construyeron una presa que terminó inundando la antigua hacienda. Hoy únicamente sobresalen del agua algunos vestigios como su emblemática chimenea y parte de una torre, creando uno de los paisajes más curiosos de Hidalgo.
La mejor forma de conocerla es tomando alguno de los paseos en lancha que parten frente al Centro Turístico Prismas Basálticos.



Santa María Regla
Si tuviera que elegir una sola hacienda para visitar, probablemente sería Santa María Regla.
Actualmente funciona como hotel, pero conserva gran parte de su arquitectura original. Caminar por sus patios, jardines y antiguos corredores es como regresar a la época de mayor esplendor de la minería hidalguense.
Uno de sus mayores atractivos son los antiguos túneles donde se almacenaban y procesaban los minerales, además de la Parroquia de Nuestra Señora de Loreto, los extensos jardines y un sendero que conduce hasta el famoso Puente del Beso. Al final del recorrido encontrarás un pequeño mirador desde donde podrás contemplar los Prismas Basálticos desde un ángulo completamente diferente.
Y si el paseo te abre el apetito, también puedes comer en el restaurante instalado dentro de los jardines de la hacienda.



San Miguel Regla
La tercera gran hacienda de Huasca también fue construida para beneficiar los minerales extraídos de las minas de la región.
Al igual que Santa María Regla, actualmente funciona como hotel y conserva buena parte de su arquitectura original. Aunque suele recibir menos visitantes, precisamente esa tranquilidad permite recorrer sus jardines, patios y construcciones históricas con mucha más calma.
Los duendes de Huasca
Si hay algo que distingue a Huasca, además de sus bosques y haciendas, son los famosos duendes.
En prácticamente toda la Comarca Minera existen historias sobre pequeños seres del bosque que aparecen y desaparecen entre los árboles, esconden objetos o hacen travesuras mientras las personas duermen, pero en Huasca esto es un atractivo turístico. Una de las leyendas más populares asegura que les encanta hacer diminutos nudos y trenzas en las crines de los caballos, así como en el cabello de niñas y mujeres.
No importa si crees o no en ellos. Lo cierto es que Huasca ha convertido estas historias en parte de su identidad y basta caminar por el centro para encontrar esculturas, artesanías, cafeterías y todo tipo de souvenirs inspirados en estos personajes.
Museo de los Duendes
Si quieres conocer más sobre estas leyendas, el Museo de los Duendes es una parada obligatoria.
Se trata de un pequeño museo que reúne relatos tradicionales, supuestas evidencias de encuentros con estos seres y una extensa colección de figuras provenientes de distintas partes del mundo. Más allá de si crees en ellos o no, la visita resulta bastante entretenida y ayuda a entender por qué los duendes forman parte del imaginario colectivo de Huasca.
Recorridos por el bosque
Además del museo, varias empresas locales organizan recorridos temáticos por los bosques de Huasca donde se mezclan caminatas nocturnas con relatos sobre duendes, brujas y otras leyendas de la región.
Hace algunos años tuve la oportunidad de realizar uno de estos recorridos en el Bosque de Heno y, aunque iba bastante escéptico, terminó siendo una experiencia muy divertida. Entre historias, linternas y senderos rodeados de árboles, es fácil dejar volar la imaginación.
Otros atractivos de Huasca de Ocampo
Parroquia de San Juan Bautista
En pleno corazón de Huasca de Ocampo se levanta la Parroquia de San Juan Bautista, un templo construido por frailes agustinos durante el siglo XVI que forma parte de la historia del primer Pueblo Mágico de México.
Su fachada es bastante sencilla, pero destaca la imagen de San Miguel Arcángel que, según la tradición, fue donada por Pedro Romero de Terreros. En el interior encontrarás varios retablos y pinturas religiosas que representan distintos pasajes de la vida de Jesús y de diversos santos, convirtiéndolo en un lugar imprescindible para quienes disfrutan la historia, la arquitectura y el arte sacro.

Bosque de las Truchas
A unos minutos del centro de Huasca se encuentra uno de los parques ecoturísticos más completos de la región: el Bosque de las Truchas.
Este enorme complejo ocupa más de 20 hectáreas de bosques, manantiales y lagos donde prácticamente puedes pasar un día entero sin aburrirte. Aquí podrás remar en lancha, lanzarte por sus tirolesas, recorrer senderos en cuatrimoto o a caballo, practicar pesca deportiva o simplemente caminar entre los árboles mientras alimentas las truchas del criadero que da nombre al lugar.
Y sí, después de verlas nadar también puedes probarlas. En los restaurantes del parque preparan truchas de distintas formas, por lo que este también es uno de los mejores sitios para comer durante tu visita a Huasca.
Si viajas con niñas y niños, también encontrarás áreas de juegos, albercas, toboganes, espacios para hacer picnic, gotcha, un pequeño callejón de los duendes, la llamada Cueva del Conde y hasta un rincón pensado para las fotografías. Incluso es posible hospedarse en cabañas o acampar dentro del complejo si prefieres disfrutar el bosque con más calma.
Peña del Aire
Aunque Huasca suele asociarse con bosques y haciendas, basta conducir poco más de media hora para descubrir un paisaje completamente distinto.
Peña del Aire se encuentra al borde de la Barranca de Metztitlán y ofrece uno de los miradores naturales más espectaculares de Hidalgo. Su nombre proviene de una enorme roca volcánica que parece permanecer suspendida en el vacío, como si desafiara la gravedad.
Además de admirar el paisaje, este parque se ha convertido en uno de los destinos favoritos para quienes buscan experiencias llenas de adrenalina. Aquí encontrarás un columpio extremo instalado al filo del barranco, bicicletas aéreas, tirolesas, rappel y un reto de equilibrio sobre un cable de acero suspendido a gran altura.
Pero no todo gira alrededor de la adrenalina. También existen varias rutas de senderismo que permiten recorrer los alrededores de la barranca, descender hasta el río Metztitlán o realizar caminatas nocturnas acompañadas de observación astronómica. Sin importar cuál elijas, las vistas de la Sierra de Pachuca y de la Reserva de la Biosfera Barranca de Metztitlán hacen que el recorrido valga completamente la pena.
Barrancas de Aguacatitla
Muy cerca de Huasca se encuentra otro sitio que suele pasar desapercibido entre muchxs visitantes, pero que resulta fascinante tanto por sus paisajes como por su importancia geológica: las Barrancas de Aguacatitla.
Este centro ecoturístico forma parte de la Reserva de la Biosfera Barranca de Metztitlán y también integra el Geoparque Comarca Minera reconocido por la UNESCO. Lo interesante es que aquí puede observarse el punto donde convergen dos grandes regiones geológicas de México: el Eje Neovolcánico, formado por antiguas rocas volcánicas, y la Sierra Madre Oriental, integrada principalmente por rocas sedimentarias que alguna vez estuvieron bajo el mar.
Mientras recorres sus senderos podrás encontrar paredes de roca que resguardan fósiles marinos con más de cien millones de años de antigüedad, además de paisajes donde conviven cañones, bosques y formaciones volcánicas. Es uno de esos lugares que demuestran que la historia de la Tierra también puede leerse caminando entre montañas.
Vale la pena pasar más de un día en Huasca
Aunque muchas personas visitan Huasca de Ocampo durante un solo día, la realidad es que un fin de semana apenas alcanza para conocer algunos de sus principales atractivos. Entre haciendas, bosques, prismas basálticos, senderos, leyendas y experiencias de aventura, siempre queda algo pendiente para la siguiente visita.
Nosotrxs pasamos tres días recorriendo Huasca y los demás pueblos de la Comarca Minera, y aun así nos fuimos con la sensación de que todavía había mucho por descubrir. Quizá esa sea precisamente la magia de este lugar: siempre encuentra una forma de hacer que quieras regresar.
Y es que Huasca no solo fue el primer Pueblo Mágico de México; también es uno de esos destinos donde la naturaleza, la historia y las leyendas conviven de una manera muy difícil de encontrar en otro sitio. Basta caminar por sus calles, perderse entre los bosques o contemplar el paisaje desde alguno de sus miradores para entender por qué, más de dos décadas después de recibir aquel nombramiento, sigue siendo uno de los mejores lugares para escaparse un fin de semana desde la Ciudad de México.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.