Amo la Ciudad de México y todo lo que implica vivir en nuestra caótica capital. He aprendido a convivir con el tráfico de hora pico, la violencia vial, el transporte público, el ruido y el smog. Mi amor por esta ciudad es tal que seguramente podría escribir una Guía de Supervivencia Chilanga.
Pero por mucho que uno ame la ciudad y su caos, todas y todxs necesitamos escapar de vez en cuando. Después de varios meses de muchísimo trabajo y estres y con el tiempo justo para hacer una escapada corta, decidimos que necesitábamos perdernos unos días entre montañas y bosques. Así fue como, buscando cabañas en Hidalgo, terminé encontrando Wander Cabins, un pequeño complejo escondido en pleno Parque Nacional El Chico.



Elegimos una fecha, reservamos dos noches, cargamos el coche y emprendimos el viaje. Pero el plan no era quedarnos encerrados todo el fin de semana viendo árboles desde la terraza de la cabaña (aunque probablemente también lo habríamos disfrutado). Aprovechando que estaríamos en plena Comarca Minera, decidimos recorrer sus tres Pueblos Mágicos: Huasca de Ocampo, Mineral del Chico y Real del Monte.

Huasca de Ocampo
Nuestra primera parada fue Huasca de Ocampo. Llegamos alrededor de las diez de la mañana, así que todavía teníamos varias horas antes del check-in en Wander Cabins. El día estaba completamente despejado, así que aprovechamos para comenzar por el sitio más famoso del pueblo: el Centro Turístico Prismas Basálticos.
Ver estas enormes columnas hexagonales de roca por primera vez realmente impresiona. Aunque existen otras formaciones similares en distintas partes del mundo, pocas resultan tan espectaculares como las de Huasca, donde además una cascada termina de completar el paisaje.



Después nos dirigimos a la Hacienda de Santa María Regla, una de las antiguas haciendas de beneficio construidas por Pedro Romero de Terreros para procesar el mineral extraído de las minas de Real del Monte. Lo interesante es que hoy funciona como hotel y aún conserva gran parte de su arquitectura original, sus antiguos túneles y unos jardines desde donde incluso puede obtenerse una vista distinta de los Prismas Basálticos.



La siguiente parada fue la Presa de San Antonio Regla. Ahí abordamos una lancha para recorrer el embalse y conocer los restos de la antigua hacienda que quedó bajo el agua cuando se construyó la presa. Resulta extraño navegar sobre lo que alguna vez fueron patios y construcciones mineras mientras la enorme chimenea y una vieja torre sobresalen entre el agua como recuerdo de otro tiempo.
De regreso al pueblo caminamos por el centro histórico hasta llegar a la Parroquia de San Juan Bautista, construida por frailes agustinos durante el siglo XVI. Y, como ya empezaba a sentirse el hambre, terminamos haciendo una parada obligada para probar nuestros primeros pastes del viaje.

El lugar elegido fue Pastes El Túnel, justo detrás de la parroquia. El local está ambientado como una antigua mina y ofrece una gran variedad de pastes elaborados artesanalmente todos los días.

¿El veredicto? Probablemente algunos de los mejores pastes que hemos probado. Pedimos uno de frijol con chipotle, otro de carne con papa y, para cerrar, uno de manzana. Desde ese momento quedó claro que tendríamos que seguir probando pastes durante todo el viaje para encontrar a nuestro favorito.
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Wander Cabins
Después de recorrer Huasca llegó el momento de dirigirnos hacia nuestro hospedaje. Tomamos la carretera rumbo a Real del Monte y, poco antes de llegar a nos desviamos hacia Carboneras. Desde ese punto el paisaje cambia por completo. El camino comienza a subir entre montañas cubiertas de bosque y, conforme avanzas, la sensación de estar dejando atrás la ciudad se vuelve cada vez más evidente.
Unos minutos después abandonamos el asfalto para entrar a un camino de terracería que conduce hasta Wander Cabins.
Al llegar dejamos el automóvil en el estacionamiento y el personal nos recibió para llevarnos caminando hasta nuestra cabaña. Sí, antes de instalarte todavía tienes que recorrer un pequeño sendero entre árboles. Es un hike bastante corto, pero suficiente para comenzar a desconectarte del mundo.



Nuestra cabaña era Nahui. Lo primero que vimos fue una agradable terraza con mesa de picnic, hamaca, un par de cómodas sillas y un fogatero. Lo mejor de todo era que no había ninguna otra cabaña a la vista. Estábamos completamente rodeados de bosque.
Por dentro era pequeña, pero tenía absolutamente todo lo necesario. Una cama comodísima junto a una enorme ventana desde donde vimos caer la tarde entre los árboles, una cocina totalmente equipada, baño con agua caliente y una gran puerta corrediza que prácticamente desaparece cuando la abres, haciendo que el bosque se convierta en parte de la sala.
Esa primera noche cocinamos pasta carbonara, y en la fogata unas salchichas alemanas y unos s’mores para acompañar una copa de vino mientras veíamos una película desde la terraza. Al día siguiente el desayuno fue un Croque Madame con café recién hecho. Después de vivir esa experiencia entendí perfectamente por qué muchas personas llegan a Wander Cabins y prácticamente no salen del complejo durante todo el fin de semana.
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Mineral del Chico
Después de desayunar sin ninguna prisa llegó el momento de conocer Mineral del Chico, ubicado a menos de cinco kilómetros de nuestra cabaña.
Comenzamos el recorrido en la plaza principal, visitando la Parroquia de la Purísima Concepción y disfrutando un rato del ambiente del pueblo mientras buscábamos información sobre los Puentes Iluminados. Fue justo ahí donde comenzaron a acercarse distintas operadoras turísticas para ofrecernos recorridos en RZR.
Terminamos contratando uno que nos llevó a recorrer el pueblo y varias comunidades cercanas. Durante el trayecto conocimos el Hotel El Paraíso, los restaurantes Las Nubes y La Montaña, además de lugares como la Casa de las Brujas, la Cascada de Agua Fría, un mirador de Las Monjas y la antigua Mina San Antonio, entre otros sitios de interés.



De regreso en el centro aprovechamos para comer una pizza y una ensalada caprese en El Tapanco. Después pasamos por un helado y un café en Villanova antes de regresar unas horas a descansar a nuestra cabaña.
A las 6:45 de la tarde volvimos a tomar el automóvil rumbo a la comunidad de La Presa para realizar el recorrido por los Puentes Iluminados.
Se trata de una caminata nocturna de aproximadamente dos kilómetros por un sendero boscoso tenuemente iluminado donde, además de cruzar seis puentes colgantes, los guías van contando historias sobre la flora, la fauna y algunas leyendas de la región.



Un consejo: actualmente existen varias empresas que ofrecen recorridos similares y seguramente encontrarás promotores en el centro del pueblo vendiendo distintos paquetes. Sin embargo, si buscas el recorrido original y el más largo, vale la pena reservar directamente con H-Go Adventure. Además de ahorrar algo de dinero, también podrás conocer la empresa que creó esta experiencia y que hoy opera otras actividades como la famosa Vía Ferrata.
Después del recorrido regresamos a Wander Cabins para disfrutar una última noche rodeados por el silencio del bosque.
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Real del Monte
Al día siguiente despertamos sin despertador. Desayunamos con calma, recogimos nuestras cosas e hicimos el check-out de Wander Cabins para dirigirnos al último destino de nuestro recorrido: Real del Monte.
Como ya era nuestro último día, decidimos empezar por uno de los lugares más emblemáticos del pueblo, el Panteón Inglés.
Llegar hasta ahí ya vale la pena. El cementerio se encuentra en la parte alta del pueblo, rodeado por árboles y con una vista privilegiada de las montañas. Apenas cruzas la reja de entrada, donde puede leerse la frase “Blessed are the dead who die in the Lord“, el ambiente cambia por completo. Todo es silencio.



Lo primero que llama la atención es que prácticamente todas las tumbas están orientadas hacia Inglaterra, como si quienes descansan ahí siguieran mirando hacia el lugar donde nacieron. Entre lápidas de piedra cubiertas de musgo, cruces victorianas y antiguas criptas, uno entiende rápidamente por qué este sitio es considerado uno de los lugares más especiales de Real del Monte. Más allá de la historia minera, el Panteón Inglés recuerda que miles de personas cruzaron el océano para comenzar una nueva vida en estas montañas y terminaron convirtiéndose en parte de la identidad de Hidalgo.
Después de recorrer el cementerio regresamos al centro del pueblo para caminar sin prisa por sus calles empedradas. Nuestra siguiente parada fue la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario, el principal templo de Real del Monte. Me llamó mucho la atención que sus dos torres fueran diferentes entre sí. Después descubriría que una fue construida durante la época virreinal y la otra varios años después gracias a las aportaciones de los propios mineros, una curiosidad arquitectónica que resume bastante bien la mezcla de culturas que caracteriza al pueblo.



A unas cuantas calles de ahí también visitamos la Capilla de la Santa Veracruz y la Capilla del Señor de Zelontla, patrono de los mineros. Las tres iglesias son muy distintas entre sí, pero juntas ayudan a entender la enorme importancia que tuvo la minería para el desarrollo de esta comunidad.
Antes de despedirnos de Real del Monte todavía nos faltaba conocer uno de sus símbolos más famosos, así que caminamos hasta el Museo del Paste.
Aunque es un museo pequeño, resulta bastante entretenido. Ahí aprendimos cómo aquellas empanadas que los mineros ingleses llevaban a las minas terminaron convirtiéndose en los tradicionales pastes hidalguenses y descubrimos un dato que no conocíamos: la característica orilla trenzada no era un simple adorno, sino una especie de mango que los trabajadores sujetaban con las manos sucias mientras comían, para después desecharla.
Y claro, después de salir del museo ya era prácticamente una obligación comer un par de pastes.

Nos sentamos en uno de los locales del centro y pedimos los clásicos: uno de carne con papa y otro de frijol con chile. Después de haber probado varias versiones durante el viaje, terminé convencido de que los pastes son como los tacos: cada quien tiene su favorito y todos defenderán el suyo como si fuera el único correcto.
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Durante tres días recorrimos bosques de oyamel, antiguas haciendas mineras, minas centenarias, pueblos llenos de historia y senderos donde el único ruido era el viento moviendo los árboles. Dormimos en una cabaña perdida entre el bosque, caminamos por lugares donde hace millones de años corría lava, navegamos sobre una hacienda sumergida y terminamos el viaje comiendo un platillo que llegó desde Inglaterra hace casi dos siglos.
Y entonces entendí que la verdadera magia de la Comarca Minera no está en un solo lugar. No está únicamente en los Prismas Basálticos, ni en las minas de Real del Monte, ni en los bosques de Mineral del Chico. La magia aparece cuando recorres todos estos sitios como si fueran capítulos de una misma historia. Una historia donde la geología moldeó el paisaje, la minería transformó a las comunidades y distintas culturas terminaron construyendo una identidad única en México.
De hecho, Huasca, Real del Monte y Mineral del Chico son solo una parte de todo lo que ofrece la región. La Comarca Minera es un Geoparque Mundial de la UNESCO integrado por nueve municipios y 34 geositios que reúnen algunos de los paisajes, minas, haciendas, bosques y formaciones geológicas más importantes del país. Pueblos como Omitlán de Juárez, Atotonilco el Grande, Singuilucan, Mineral de la Reforma, Epazoyucan y Pachuca también forman parte de este territorio y ayudan a contar una historia que comenzó hace millones de años y que sigue escribiéndose todos los días.
Nosotros solo alcanzamos a recorrer una parte. Pero, como ocurre con todos los viajes que realmente valen la pena, regresamos a casa con la sensación de que todavía quedaban muchos caminos por descubrir. Y quizá esa sea la mejor excusa para volver muy pronto a la Comarca Minera.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.