¿Qué sucede cuando la historia de una familia se entrelaza con la historia de un país? ¿Cómo se enfrenta el peso de un apellido asociado al poder político y militar? Estas preguntas son el punto de partida de Amaro. Con el dedo en el gatillo, una propuesta de teatro documental que llega al Teatro El Galeón Abraham Oceransky con una mirada íntima y crítica sobre la memoria, el linaje y las huellas que el pasado deja en el presente.

La obra, creada y protagonizada por Misha Arias de la Cantolla y Amaro junto con Gabriel Yépez, toma como eje la figura histórica del general Joaquín Amaro Domínguez, personaje clave en la reorganización del Ejército mexicano durante el periodo posrevolucionario y secretario de Guerra y Marina durante el gobierno de Plutarco Elías Calles. Sin embargo, el montaje no busca ofrecer una biografía tradicional ni una lección de historia. Su interés está en otro lugar: en explorar qué significa ser descendiente directo de una figura asociada al poder y cómo esa herencia dialoga con la identidad personal.

Inspirada parcialmente en la tradición trágica de William Shakespeare y, en particular, en Hamlet, la obra construye un relato donde los fantasmas familiares no aparecen como seres sobrenaturales, sino como recuerdos, silencios y preguntas que atraviesan generaciones.

Sobre el escenario, Misha Arias de la Cantolla y Amaro se presenta como actor, investigador y último nieto en línea directa del general Amaro. Su cuerpo y su voz se convierten en el punto de encuentro entre lo autobiográfico y lo histórico, mientras detrás de él se despliegan materiales audiovisuales, fotografías y testimonios familiares que complejizan la narración.

El resultado es un dispositivo escénico que combina biodrama, investigación documental y recursos multimedia para plantear una reflexión sobre las estructuras del poder y la manera en que estas moldean la vida privada. Lo íntimo y lo político dejan de ser esferas separadas para convertirse en dos caras de una misma experiencia.

La investigación detrás del montaje se desarrolló durante varios años y aborda tanto la historia de la familia Amaro Yzaguirre como la conformación de las fuerzas armadas en México durante el siglo XX. De esta manera, la obra establece conexiones con episodios fundamentales del México posrevolucionario y con figuras como Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles, personajes centrales en la construcción del Estado moderno.

Sin embargo, Amaro. Con el dedo en el gatillo evita las respuestas definitivas. Más que emitir juicios sobre sus protagonistas históricos, la puesta en escena invita al espectador a cuestionar las narrativas heredadas y a preguntarse de qué manera la historia nacional continúa habitando los cuerpos y las relaciones familiares.

En años recientes, el teatro documental ha ganado presencia en América Latina gracias a su capacidad para dialogar con la realidad desde la escena. Obras construidas a partir de archivos, testimonios y experiencias personales han encontrado nuevas formas de abordar temas como la violencia, la memoria y la identidad. En ese contexto, la propuesta de Arias de la Cantolla y Yépez destaca por su carácter profundamente autobiográfico y por la tensión constante entre admiración, duda y cuestionamiento.

El montaje cuenta además con la participación creativa de Elizabeth Maillard en la producción, Enrique Luna en el diseño sonoro, Malcom Vargas en multimedia e Indira Aragón en vestuario. Asimismo, incorpora testimonios de integrantes de la familia Amaro, cuyos recuerdos y voces enriquecen la dimensión humana de la obra.

Amaro. Con el dedo en el gatillo tendrá temporada del 18 de junio al 5 de julio de 2026 en el Teatro El Galeón Abraham Oceransky, dentro del Centro Cultural del Bosque. Las funciones se realizarán de jueves a domingo y ofrecerán una oportunidad para acercarse a una de las propuestas más personales y provocadoras del teatro documental contemporáneo en México.

Más que una revisión histórica, la obra es una exploración sobre aquello que heredamos, los relatos que construyen nuestra identidad y las preguntas que permanecen abiertas mucho tiempo después de que cae el telón. Porque, a veces, los fantasmas más persistentes no pertenecen a la ficción, sino a la historia que llevamos con nosotros.