Cada año, millones de toneladas de alimentos terminan en la basura mientras una parte importante de la población enfrenta dificultades para acceder a una alimentación suficiente y nutritiva. Esta contradicción se ha convertido en uno de los grandes desafíos del siglo XXI y es precisamente el tema que busca visibilizar el Día de la Gastronomía Sostenible, una fecha proclamada por la Organización de las Naciones Unidas en 2016 para reflexionar sobre la manera en que producimos, distribuimos y consumimos nuestros alimentos.

En México, donde la cocina es considerada Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, hablar de gastronomía sostenible implica mucho más que elegir ingredientes orgánicos o reducir el uso de plásticos. Significa repensar la relación con los alimentos, valorar el trabajo de productores y cocineros, rescatar saberes tradicionales y encontrar estrategias para reducir el desperdicio alimentario.

Un problema que afecta al país entero

Las cifras reflejan la dimensión del reto. De acuerdo con estimaciones de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en México se desperdician alrededor de 20.4 millones de toneladas de alimentos al año, una cantidad equivalente a cerca del 34 por ciento de la producción nacional destinada al consumo humano.

Además de representar pérdidas económicas millonarias, este fenómeno tiene consecuencias ambientales significativas, pues los alimentos que se desechan generan emisiones de gases de efecto invernadero y suponen un uso ineficiente de recursos como agua, energía y suelo agrícola.

Frente a este panorama, diversas organizaciones han impulsado iniciativas orientadas a transformar los hábitos cotidianos y promover una cultura alimentaria más consciente. Una de ellas es Fundación Herdez, institución que ha desarrollado programas educativos y alianzas enfocadas en el aprovechamiento responsable de los alimentos y la difusión de prácticas sostenibles.

Pequeñas acciones que pueden hacer una gran diferencia

La reducción del desperdicio alimentario comienza en casa. Planificar las compras, elaborar listas antes de ir al supermercado, organizar adecuadamente el refrigerador y cocinar porciones acordes con las necesidades reales son algunas de las medidas que ayudan a disminuir la cantidad de comida que termina desechándose.

También resulta importante aprender a diferenciar entre la fecha de caducidad y la fecha de consumo preferente, así como aprovechar ingredientes que tradicionalmente suelen descartarse, como cáscaras, tallos o semillas, para elaborar caldos, salsas o compostas.

Consumir productos locales y de temporada es otra práctica que contribuye a fortalecer economías regionales y reducir la huella ambiental asociada al transporte de alimentos.

Una alianza para rescatar alimentos

Dentro de las iniciativas impulsadas por Fundación Herdez destaca su colaboración con la Red de Bancos de Alimentos de México, conocida como BAMX, a través del programa Pacto por la Comida.

Este movimiento reúne a empresas, organizaciones civiles, instituciones académicas y autoridades con el objetivo de reducir la pérdida y el desperdicio de alimentos mediante acciones coordinadas. Entre ellas se encuentran programas de rescate alimentario, campañas de sensibilización y la generación de contenidos educativos dirigidos a distintos sectores de la población.

Como parte de esta colaboración, se han desarrollado materiales audiovisuales y recomendaciones prácticas para fomentar un mejor aprovechamiento de los alimentos y promover hábitos de consumo más responsables.

Gastronomía sostenible que se vive en la cocina

La sostenibilidad también puede convertirse en una experiencia cotidiana y sensorial. En sus espacios culturales y gastronómicos, Fundación Herdez promueve degustaciones y actividades que buscan mostrar cómo es posible cocinar de manera responsable sin renunciar al sabor ni a la tradición.

Estas experiencias ponen énfasis en el uso de ingredientes de temporada, el aprovechamiento integral de los alimentos y la recuperación de técnicas tradicionales de la cocina mexicana, muchas de las cuales surgieron precisamente de la necesidad de utilizar al máximo los recursos disponibles.

Un huerto para aprender sobre alimentación responsable

Otra de las iniciativas relevantes se desarrolla en Casa Doña María Pons, sede de Fundación Herdez en San Luis Potosí, donde opera un Huerto Educativo dedicado a enseñar sobre el origen de los alimentos y las prácticas agrícolas sostenibles.

A través de talleres y actividades participativas, niñas, niños y adultos pueden conocer los procesos de siembra, aprender a elaborar composta y comprender la importancia de los ciclos naturales en la producción de alimentos.

El proyecto también busca fortalecer el vínculo entre campo, cocina y mesa, recordando que detrás de cada ingrediente existe una cadena de trabajo y conocimientos que merece ser valorada.

Más que una tendencia gastronómica

La gastronomía sostenible se ha convertido en una de las conversaciones más relevantes dentro del mundo culinario contemporáneo. Sin embargo, más que una moda, representa una manera distinta de entender la alimentación y su impacto en la sociedad.

Implica consumir con mayor conciencia, apoyar a productores locales, rescatar técnicas ancestrales y reducir el desperdicio para construir sistemas alimentarios más justos y resilientes.

En el Día de la Gastronomía Sostenible, iniciativas como las impulsadas por Fundación Herdez recuerdan que las decisiones cotidianas, desde elegir qué comprar hasta aprovechar las sobras de una comida, pueden contribuir a preservar el patrimonio gastronómico mexicano y a construir un futuro más equilibrado para las personas y el planeta.