Galya, Tanya, Sonya y Katya. Cuatro hermanas que crecieron en una familia marcada por las ausencias. Su madre las abandonó justo después del nacimiento de Galya, la menor de todas. Su padre, un hombre consumido por el alcohol, logró dejar la bebida gracias a Lu, su segunda esposa. Sin embargo, el daño ya estaba hecho. Las cuatro cargan con las heridas del abandono y la crueldad, cicatrices que les impedirán construir sus propias familias y permanecer unidas. Son islas de un mismo archipiélago: separadas entre sí, pero unidas por un mismo origen.

Una tarde de noviembre, Galya, la única que nunca conoció a su madre, encuentra el diario que Mónica escribió durante su cuarto y último embarazo. Entre sus páginas descubre pensamientos, miedos y confesiones que cambian por completo la imagen que tenía de ella. A partir de ese momento decide reunir nuevamente a sus hermanas durante la cena de Navidad. Sin embargo, lo que ninguna de ellas imagina es que Galya también guarda un secreto y que ha elegido esa noche para revelarlo.

Archipiélago, obra escrita por Sandra Burgos y ganadora del Premio Bellas Artes de Dramaturgia Baja California Luisa Josefina Hernández 2020, aborda temas como la familia, el abandono, la depresión y las complejas relaciones filiales. La dramaturga construye un retrato profundamente humano de cuatro mujeres que intentan sobrevivir al peso de su historia personal, mientras reflexiona sobre la forma en que los vínculos familiares pueden convertirse tanto en refugio como en condena.

La obra está llena de momentos cómicos que, lejos de convertirla en una comedia, funcionan como pequeñas válvulas de escape capaces de aliviar, por unos instantes, la tensión constante que atraviesa la historia. Especialmente durante el segundo acto, esas pausas permiten respirar antes de volver a sumergirse en un relato duro y emocionalmente devastador. Y, aunque el panorama parece dominado por la tristeza, la obra nunca renuncia del todo a la esperanza. Siempre permanece encendida una pequeña luz al final de un túnel particularmente oscuro.

En apariencia, la historia gira únicamente alrededor de una incómoda cena navideña. Sin embargo, conforme avanzan los minutos, la dramaturgia revela una estructura mucho más compleja. Cada escena aporta nuevas piezas al rompecabezas emocional de las protagonistas y cada personaje está construido con enorme precisión desde su primera aparición. La tensión crece de manera constante, casi imperceptible, hasta alcanzar un desenlace que estalla con la fuerza de una olla de presión.

Más allá del texto, la puesta en escena resulta visualmente cautivadora. A pesar de partir de una escenografía sencilla, esta consigue convertirse en un elemento narrativo fundamental. Una larga mesa blanca, vajilla blanca, un árbol de Navidad blanco iluminado por luces blancas, una barra igualmente blanca y una pared con una cajonera que, en cuestión de segundos, puede transformarse en un ataúd. Todo el espacio está coronado por una pequeña vela de Adviento que preside la cena familiar. El resultado es una composición limpia, elegante y profundamente simbólica, donde el blanco deja de representar la pureza para convertirse en un recordatorio del vacío, la ausencia y el duelo.

A ello se suma una dirección de Valeria Fabbri que mantiene un equilibrio admirable entre la contención y la intensidad emocional, permitiendo que cada escena respire y que los silencios tengan tanto peso como las palabras. El trabajo de Sophie Alexander Katz, Fernanda Echevarría del Rivero, Flavia Atencio, Sandra Burgos y Luz María Meza está cuidadosamente construido, dando vida a personajes profundamente humanos que se sienten complejos, vulnerables y completamente distintos entre sí. Cada una encuentra su propio ritmo y personalidad sin perder nunca la sensación de pertenecer a una misma familia. Mención especial merece Gael Henderson Consuelo, quien, pese a su corta edad, sostiene con naturalidad las escenas en las que participa y demuestra una presencia escénica que complementa con gran sensibilidad el trabajo del resto del elenco.

Pero quizá el mayor acierto de Archipiélago sea la sensibilidad con la que aborda temas tan dolorosos sin caer en el melodrama. Sandra Burgos entiende que las familias no siempre se rompen por grandes tragedias; muchas veces basta con pequeñas heridas que nunca cicatrizan y silencios que se prolongan durante años. La obra habla de esas fracturas invisibles que terminan definiendo una vida entera.

Al finalizar la función es difícil no pensar en nuestras propias relaciones familiares. Después de todo, todos pertenecemos a algún archipiélago: un conjunto de islas que comparten un mismo origen, aunque la distancia entre ellas parezca, en ocasiones, imposible de cruzar.

Datos Generales
Lugar: Teatro Helénico – Av. Revolución #1500, Guadalupe Inn, Ciudad de México, CDMX
Costo del Boleto: $427 pesos
Funciones: Lunes a miércoles 20:00 hrs.
Fecha de la temporada: Hasta el 22 de julio, 2026.
Dramaturgia: Sandra Burgos
Dirección: Valeria Fabbri
Actuaciones: Sophie Alexander Katz, Fernanda Echevarría del Rivero, Flavia Atencio, Sandra Burgos, Luz María Meza, César V. Panini, Fernando Villa, Cris Ramos y Gael Henderson Consuelo Más información

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