Cada libro que llega a una biblioteca inicia un proceso silencioso que rara vez perciben los lectores. Antes de ocupar un lugar en los estantes pasa por tareas de clasificación, catalogación, conservación y registro que permiten encontrarlo años después. Detrás de ese trabajo están los bibliotecarios, profesionales cuya labor se conmemora en México cada 20 de julio, durante el Día Nacional del Bibliotecario.
La fecha pone en relieve un oficio que va mucho más allá de ordenar libros. Los bibliotecarios orientan investigaciones, preservan el patrimonio documental, promueven la lectura y ayudan a localizar información confiable en un momento en el que la cantidad de contenidos disponibles en internet puede resultar abrumadora.
Las bibliotecas especializadas preservan la historia de la gastronomía mexicana
En las bibliotecas especializadas, esa labor adquiere un valor particular. Sus acervos se construyen alrededor de un tema específico y están pensados para atender las necesidades de investigadores, estudiantes y personas interesadas en profundizar en un área del conocimiento.
Ese es el caso de la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana, en Ciudad de México, y de la Biblioteca Casa Doña María Pons, en San Luis Potosí, ambas de Fundación Herdez. Sus colecciones reúnen recetarios históricos, investigaciones, publicaciones sobre nutrición, turismo, botánica, cultura alimentaria y literatura relacionada con la cocina mexicana.
Con el paso de los años, el acervo de la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana ha crecido de cerca de 1,500 títulos a más de 8,200 obras especializadas, manteniendo el objetivo de conservar materiales de valor para las generaciones actuales y futuras.
Los bibliotecarios que mantienen vivo el patrimonio documental
En ambos recintos, Alejandro Portilla y Deyanira Zapata comparten la responsabilidad de preservar y acercar estos materiales al público.
Alejandro, responsable de la Biblioteca de la Gastronomía Mexicana en Ciudad de México, encontró su vocación hace tres décadas al descubrir que la bibliotecología podía relacionarse con prácticamente cualquier disciplina.
“Cuando me explicaron que esta carrera no estaba cerrada a una sola área y que podía relacionarla con cualquier disciplina, entendí todo lo que podía hacer. Con el tiempo comprobé que realmente es así y eso es lo que me ha motivado durante estos 30 años.”
Para Deyanira Zapata, encargada de la Biblioteca Casa Doña María Pons, el interés inicial por la organización y la lectura terminó convirtiéndose en una profesión enfocada en despertar la curiosidad de otras personas.
“Me gusta que la gente se emocione con lo que encuentra y quiera leer. En estos tiempos, cuando muchos buscan todo en internet, lograr despertar esa curiosidad también emociona.”
Conservar un libro implica mucho más que colocarlo en un estante
Cada obra requiere cuidados específicos para prolongar su vida útil. La humedad, la luz, el paso del tiempo y las plagas representan algunos de los principales riesgos para los materiales documentales, por lo que su conservación demanda revisiones constantes y procesos especializados.
Alejandro Portilla resume ese desafío con una frase que refleja el trabajo cotidiano dentro de una biblioteca:
“El tiempo siempre será el enemigo de los libros. También debemos protegerlos de la humedad, la luz y las plagas. Cada material requiere cuidados específicos para conservarse en las mejores condiciones.”
A ello se suma la incorporación de nuevos títulos y la actualización permanente del catálogo, elaborado bajo normas internacionales de catalogación, clasificación y descripción documental. El resultado es un catálogo en línea de acceso público que puede consultarse desde cualquier parte del mundo y permite localizar tanto materiales físicos como digitales del acervo.
Bibliotecas que siguen despertando curiosidad en todas las edades
Aunque las consultas digitales forman parte de la vida cotidiana, las bibliotecas continúan siendo espacios de encuentro con el conocimiento.
Deyanira recuerda el caso de una usuaria de más de 80 años que aprendió a utilizar herramientas digitales para seguir participando en un círculo de lectura organizado por la biblioteca. Alejandro, en cambio, evoca las visitas escolares en las que muchos niños llegan por primera vez y terminan explorando los estantes durante horas.
“Los niños llegan como visitantes y terminan convirtiéndose en usuarios. Se quedan leyendo, descubriendo todo lo que pueden encontrar en sus instalaciones”, comenta.
Historias como estas reflejan el papel que desempeñan las bibliotecas especializadas en la preservación del patrimonio gastronómico de México y el trabajo cotidiano de quienes hacen posible que ese conocimiento permanezca accesible para investigadores, estudiantes y lectores interesados en comprender la cocina mexicana desde distintas disciplinas.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.