En la colonia San Rafael hay un edificio que parece detenido en el tiempo. Su fachada art decó, custodiada por dos enormes esculturas de piedra, continúa observando el ir y venir de los automóviles sobre la calle Serapio Rendón. Es el Cine Ópera, uno de los antiguos palacios cinematográficos más importantes de la Ciudad de México y, al mismo tiempo, uno de los inmuebles abandonados más emblemáticos de la capital.
Aunque hoy permanece cerrado, su historia sigue proyectándose entre los muros que alguna vez recibieron a miles de espectadores.
El cine que nació durante la Época de Oro del cine mexicano
La historia del Cine Ópera comenzó el 11 de marzo de 1949, cuando abrió sus puertas con la proyección de Una familia de tantas, dirigida por Alejandro Galindo.
Su inauguración coincidió con uno de los momentos de mayor esplendor del cine nacional. Durante las décadas siguientes fue uno de los principales escenarios para estrenos cinematográficos y un punto de encuentro para familias, cinéfilxs y habitantes de la entonces elegante colonia San Rafael.
Con cerca de 3,800 butacas, era uno de los cines con mayor capacidad de la Ciudad de México, una cifra difícil de imaginar en las salas contemporáneas.
Una joya del art decó mexicano
Parte del encanto del Cine Ópera radica en su arquitectura. El edificio fue diseñado por el arquitecto Félix T. Nuncio, mientras que los interiores estuvieron a cargo del escenógrafo español Manuel Fontanals.
Su fachada, considerada uno de los mejores ejemplos del art decó en la ciudad, está dominada por un gran ventanal central y dos esculturas femeninas que sostienen las máscaras de la comedia y la tragedia, símbolos universales del teatro.
El interior tampoco escatimaba en lujo. Muros revestidos con espejos, candelabros de bronce y cristal, esculturas de mármol y una decoración monumental hacían que asistir a una función fuera toda una experiencia. En su inauguración, el periódico Excélsior describió el recinto como “un cuento de hadas convertido en realidad“.
Del cine a los conciertos
Como ocurrió con muchos cines monumentales de la capital, el auge de los complejos cinematográficos modernos provocó un lento declive.
En la década de 1990 el inmueble encontró una segunda vida como foro de conciertos. Por su escenario pasaron agrupaciones como Héroes del Silencio, Mercyful Fate, El Tri y Bauhaus.
Precisamente fue un concierto de la legendaria banda Bauhaus, celebrado el 12 de octubre de 1998, el que terminó marcando el destino del edificio. La enorme cantidad de personas que intentó ingresar por la fuerza agravó los daños estructurales que el inmueble ya había sufrido tras el terremoto de 1985. Poco después, el Cine Ópera cerró definitivamente sus puertas.
Un edificio que sobrevivió al abandono
Tras su cierre, el inmueble pasó a manos del entonces Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura y posteriormente del Gobierno de la Ciudad de México. A lo largo de los años han surgido distintos proyectos para rescatarlo como centro cultural o incluso como sede alterna de la Cineteca Nacional, aunque ninguno ha llegado a concretarse.
Mientras tanto, el paso del tiempo ha dejado su huella en los interiores, donde el abandono convive con la belleza arquitectónica que aún permanece.
Curiosidades del Cine Ópera
- Se construyó sobre terrenos que pertenecieron a los antiguos huertos del convento de San Cosme y San Damián.
- Fue uno de los cines más grandes de la Ciudad de México, con capacidad para casi 3,800 espectadores.
- Su fachada art decó es una de las más reconocibles de la colonia San Rafael.
- El músico Michael Nyman realizó una serie fotográfica y audiovisual dentro del edificio para promover su conservación.
- El recinto también ha servido como locación para videos musicales, entre ellos Amor clandestino de Maná y Lluvia de estrellas de JotDog.
Un símbolo que espera volver a encenderse
Pocos edificios resumen tan bien la historia cultural de la Ciudad de México como el Cine Ópera. Fue un templo del cine durante la Época de Oro, un escenario inolvidable para el rock de los años noventa y hoy es uno de los ejemplos más visibles del patrimonio moderno que aún espera ser rescatado.
Mientras sus enormes máscaras de piedra siguen vigilando la colonia San Rafael, el edificio recuerda que algunas salas nunca dejan de proyectar historias, incluso cuando la pantalla lleva años apagada.

Apasionado de la comida, siempre en busca de nuevos rincones donde disfrutar sabores únicos. Maestro de yoga y meditación, combina su espíritu tranquilo con su amor por la aventura como ciclista urbano. Admirador de la cultura mexicana, explora la magia de la Ciudad de México.